Sed nocturna

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Me pregunto cómo estarás, si acaso cruzo por tu mente al menos un minuto del día, o sí piensas tanto en mí como yo en ti.

He de revelar que cuando miro la noche estrellada me trae de vuelta al brillo singular de tu mirada. El cielo luce igual de profundo y misterioso que tú. Entonces comienzo a extrañarte, pero me has obligado ya a soltarte…

Dicta entonces mi sentencia por desearte tanto, pecado mortal e imperdonable con el cual camino a diario en la esperanza de consumar al menos un simple roce de tus venenosos labios con sabor a tequila, entrelazar nuestros cuerpos en desvanecimiento y gozar de las vibraciones resultantes de la dicha al ser enteramente tuya.

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