Democracia contra democracia

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Hace 53 años, el 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de La Moneda, en Santiago, la capital de la República de Chile, un hombre sacrificó su vida en aras de la democracia por la que llegó a la Presidencia del país, el 4 de septiembre de 1970, ese hombre fue Salvador Allende Gossens, un médico que desde el ejercicio de su profesión sirvió con sentido humanista a la sociedad que lo llevó a servirla desde la Presidencia, después de que había intentado llegar a ella en 3 elecciones.

Lo inédito fue que un izquierdista por primera vez en la historia del mundo llegara a la Presidencia de una nación, sin derramamiento de sangre, sino que llegó por la voluntad del pueblo chileno expresada con su voto en las urnas, y lo admirable fue  que se mantuviera en el poder sin las armas, sino con estricto apego a la Constitución y a las leyes, que juró solemnemente respetar y hacer cumplir; habiéndoles siempre sido leal.

Este ejemplo de Allende, para el mundo, fue una amenaza para las fuerzas conservadoras derechistas de Chile, y para el imperialismo yankee; pues la democracia de los pueblos de América Latina, iba avanzando  por la izquierda  para beneficio de las grandes mayorías sociales; por lo que esas fuerzas regresivas no estuvieron dispuestas a tolerar.

En los tres años en que gobernó Allende, realizó profundas transformaciones sociales en Chile, destacando la nacionalización del cobre, una de sus más grandes riquezas naturales  desplazando al capital norteamericano; y realizando otras muchas mejoras sociales, que lo hicieron un gobernante del pueblo y para el pueblo.

Sabían los conservadores nacionales y extranjeros que no podían sacar de la Presidencia de la República a Allende, con votos; por lo que desestabilizaron al país de muchas formas hasta que se creó un insoportable caos que en vez de restablecer el orden el ejército empezó a eliminar a jefes militares leales a Allende, hasta que Henry Kissinger, el Secretario de Estado de EEUU, y siguiendo las instrucciones del Presidente Richard  M. Nixon, decidieron darle el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973, en cuya refriega en Palacio de La Moneda, Salvador Allende Gossens, murió.

Impusieron a punto de bayonetas, muertes, desapariciones, detenciones y otras atrocidades más, a Augusto Pinochet, al frente de la Presidencia de Chile, en contra de la voluntad de las grandes mayorías que los enfrentaron con todo lo que tenían a su alcance; haciendo todavía más brutal la represión militar.

Ese furibundo enfrentamiento entre los golpistas pinochetistas y sectores sociales y políticos organizados, desde el 11 de septiembre de 1973, hizo que la gran mayoría de la opinión mundial condenara a Pinochet, como un dictador sanguinario,  al grado de impedirle que bajara del avión a tierras europeas, por considerarlo persona non grata.

Fue tal el repudio a dicho dictador que él mismo tuvo que aceptar, en 1988, 15 años después de que usurpó la Presidencia, la realización de un plebiscito para que el pueblo chileno decidiera si seguía de usurpador o no,  ganando el No; lo que fue festejado por todas las democracias del mundo.

Lo de Allende es una lección histórica para que no sea por medio de la bota militar como se imponga a los gobernantes; sino que sea por el voto popular como se designe a los presidentes de la República; es decir, que la única forma de combatir a la democracia es con mejor democracia.

Por ese ejemplo en la Preparatoria Matamoros, de Matamoros, Coahuila, estudiantes, maestros y directivos decidieron ese mismo día 11 de septiembre de 1973 ponerle el nombre “Compañero Salvador Allende”, habiéndolo seguido el Profesor Mario Cepeda Ramírez, poniéndole a su secundaria “Doctor Salvador Allende”; cuyo nombre los conservadores se las quitaron pocos años después.

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