Dan 15 años de prisión a papá del autor de un tiroteo escolar en Georgia; «fracasó como padre», dice juez de EU

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(AGENCIAS) 31 de julio de 2026.- Colin Gray, de 55 años, fue sentenciado a 15 años de prisión tras ser declarado culpable de asesinato en segundo grado y homicidio involuntario. El tribunal determinó que el padre fue penalmente responsable por facilitar el acceso de su hijo, Colt Gray, al rifle utilizado en el tiroteo de la escuela secundaria Apalachee en 2024, donde murieron dos estudiantes y dos profesores. El juez Nicholas Primm señaló que, aunque el padre no apretó el gatillo, ignoró señales claras de advertencia sobre la salud mental y la obsesión con la violencia de su hijo.

El caso marca un precedente histórico al ser la primera vez que un progenitor es condenado por asesinato en el contexto de un tiroteo masivo escolar. Durante el proceso, la fiscalía argumentó que Gray no solo regaló el arma como obsequio de Navidad, sino que falló en su deber de supervisión al no buscar ayuda profesional ni asegurar el armamento. La defensa había solicitado una pena menor, citando casos previos en Michigan, pero el juez enfatizó la negligencia penal como factor determinante para la sentencia.

La condena de Colin Gray ocurre días después de que su hijo, Colt, fuera sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional tras declararse culpable de 55 cargos. Familiares de las víctimas expresaron que, si bien el joven fue el ejecutor, la falta de medidas preventivas en el hogar fue un factor decisivo en la tragedia. El juez Primm concluyó que la sentencia busca enviar un mensaje sobre la responsabilidad parental en la prevención de la violencia armada.

La estrategia judicial observada busca expandir la responsabilidad penal hacia el entorno familiar de los perpetradores, utilizando la negligencia como herramienta para castigar la omisión de cuidado ante señales de alerta. Al condenar a un padre por asesinato en segundo grado, el sistema judicial estadounidense intenta establecer un estándar de responsabilidad civil y penal que trasciende al autor material, presionando a los tutores a ejercer un control estricto sobre el acceso a armas de fuego en el hogar.

En este evento, las víctimas y la fiscalía ganan un precedente legal que valida la corresponsabilidad, mientras que el sentenciado pierde su libertad y enfrenta el estigma social de haber facilitado la tragedia. La narrativa oficial se construye desde la justicia como un llamado a la prevención social, mientras que la defensa intenta matizar la responsabilidad individual del padre frente a la acción directa del hijo, reflejando la profunda división social sobre el control de armas y la crianza en entornos de riesgo.

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