Y el mundo se puso de pie

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Ante la inminencia de un mundial de futbol en nuestras tierras, resulta pertinente recordar esta historia…

En un estadio repleto, Monterrey mil novecientos ochenta y tantos, la pasión se hizo coreografía e impuso una moda al mundo.

En aquella ocasión, nadie imaginaba que nuestra ciudad le aportaría al resto del planeta un simpático y ondulante instrumento para canalizar y compartir emociones. El intenso latir que acompaña a un gran partido se convirtió en coordinación colaborativa, sincronía espontánea y contagiosa que saltó de estadio en estadio sin importar las fronteras.

Hay dudas en cuanto al año, e incluso respecto al origen preciso y su inventor, pero en lo que sí hay coincidencia es en que la ola se introdujo al futbol sóccer en 1984, y se mundializó a partir de la transmisión de un juego entre las selecciones de México y Argentina en el estadio Universitario, en Monterrey, previo al Mundial de México 1986.

Se trata de una secuencia coordinada de movimientos que los espectadores realizan, uno tras otro, al ponerse de pie mientras levantan las manos y luego vuelven a la posición inicial, rápidamente. El resultado es una especie de onda que viaja a lo largo de las tribunas hasta dar una o más vueltas completas.

Según algunas versiones, la ola se inventó en la universidad de Washington, en Seattle, Wa., en un partido de futbol americano colegial. El ingeniero Cayetano Garza Garza, quien fuera director de deportes de la Universidad de Nuevo León y coach de los Auténticos Tigres, escribió una historia del futbol americano en México. En su tercer tomo apuntó:

El 2 de diciembre (de 1983) se lleva a cabo el primer juego contra la Selección Pumas de la UNAM. En las tribunas (del estadio Gaspar Mass) por primera vez en México, aparece una nueva motivación: ¡la ola!, que es dirigida e impulsada por el “Pájaro” Miguel Ángel Cortez, estudiante de la Facultad de Mecánica, quien se encarga de organizarla.

A partir de este encuentro, la “ola” se convirtió en una manifestación de apoyo “obligada” entre el público seguidor de los Auténticos y más tarde, durante los juegos de preparación del campeonato mundial de futbol sóccer de 1986, en el partido del martes 18 de septiembre entre México y Argentina jugado en el estadio Universitario de Monterrey, que registró un lleno completo, el propio Cortez se encargó de introducirla en el sóccer; ante el asombro general, organizó una “ola” que dio varias vueltas en el estadio. Dicho partido fue televisado internacionalmente, con lo que la “ola” adquirió popularidad mundial.

La ola forma parte de un alfabeto que aún no se completa, uno capaz de hacer que todos nos entendamos sin importar el idioma. En Monterrey surgió, o se difundió, la letra “o” del abecedario de la globalidad.

El gran bestseller de la pasión futbolera nacional aún no se escribe. Valgan estas líneas como sugerencia para un capítulo.

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