Astronauta del Artemis II habla sobre su readaptación a la gravedad

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(AGENCIAS) 18 DE ABRIL DE 2026.- Volver a la Tierra después de una misión espacial implica mucho más que aterrizar. El cuerpo humano, diseñado para vivir bajo la gravedad terrestre, atraviesa una serie de cambios cuando pasa tiempo en el espacio.

Recuperar funciones que parecen automáticas, como caminar o mantener el equilibrio, requiere un proceso de adaptación que puede resultar complejo.

Este fenómeno quedó evidenciado tras la misión Artemis II, luego de que la astronauta Christina Koch compartiera un video en el que muestra cómo su cuerpo reaprende a responder a la gravedad terrestre.

Uno de los efectos más notorios tras una misión espacial es la pérdida de equilibrio. En el espacio, el cuerpo deja de recibir señales claras sobre orientación debido a la ausencia de gravedad.

De acuerdo con la NASA, el sistema vestibular —ubicado en el oído interno— permite al cerebro interpretar la posición y el movimiento del cuerpo. Sin la influencia de la gravedad, este sistema deja de funcionar como lo hace en la Tierra, lo que provoca desorientación y dificulta la coordinación al regresar.

Durante la misión, el cerebro se adapta a estas condiciones y reduce la dependencia de esas señales. Por esta razón, al volver a la Tierra, el organismo necesita un proceso de readaptación para recuperar habilidades básicas como caminar o mantenerse en pie.

A través de un video publicado en su cuenta de Instagram, Christina Koch documentó el proceso de readaptación de su cuerpo tras regresar del espacio. En el material, se ve a la astronauta acompañada de dos especialistas que monitorean su manera de caminar.

Además explicó que los sistemas que permiten al cerebro interpretar el movimiento no funcionan de la misma forma en microgravedad.

Cuando la gente vive en la microgravedad, los sistemas en nuestro cuerpo que han evolucionado para decir a nuestros cerebros cómo nos movemos… no funcionan correctamente.

La astronauta detalló que, en estas condiciones, el cerebro deja de confiar en el sistema vestibular y depende principalmente de la vista para orientarse. Por ello, acciones cotidianas como caminar con los ojos cerrados pueden representar un desafío.

Dependemos mucho de nuestros ojos para orientarnos visualmente. ¡Un paseo en tándem con los ojos cerrados puede ser todo un desafío!”.

También subrayó que este tipo de investigaciones tiene aplicaciones médicas en la Tierra, ya que puede contribuir al tratamiento de padecimientos relacionados con el equilibrio, como es el vértigo, las conmociones cerebrales y otras condiciones neurovestibulares.

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