También a morir se aprende

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La muerte, si no gozosa, sí puede ser admirable. Es la graduación de la vida y hay quienes se titulan con honores.

Algunos fallecimientos despiertan tanta admiración como la vida de sus correspondientes difuntos. Cito tres ejemplos históricos de la vecina ciudad de Monterrey; cada una podría ser motivo de un libro de muchas ventas. Es el caso de el del doctor José Eleuterio González, mejor conocido como Gonzalitos. A su muerte, el cuatro de abril de 1888, miles de personas desfilaron ante su ataúd y las calles se cubrieron de flores al paso de su féretro. Se decretaron tres días de luto en todo el Estado. Las casas de Monterrey tenían crespones negros en sus fachadas y los habitantes de la ciudad, de acuerdo al recuento del sacerdote Aureliano Tapia Méndez, “vistieron de luto, como si hubieran perdido a su padre”.

Los funerales dicen mucho acerca de lo que un pueblo estima. El sacerdote Raymundo Jardón, de quien la gente de su tiempo afirma que fue santo, hasta parece que eligió el día: 6 de enero, día de Reyes de 1934. Se cuenta que anticipó su partida. Unos meses antes de morir y, sin estar enfermo, se dio cuenta de que iba a sobrar madera de la construcción de unos altares. El padre pidió al carpintero que con la sobrante le construyeran su ataúd.

El día último del año se fue a convivir con una familia a la población de El Cercado. Estando allá, les avisó que si en los siguientes días recibían una llamada, inmediatamente se vistieran de negro y asistieran al sepelio. Así sucedió seis días después.

Su cortejo cubrió más de veinte cuadras. Desfilaron ante él escuelas enteras, boleros, papeleros, miembros de asociaciones diversas, gente de todo nivel social. Las coronas y cruces recibidas pasaron de 500. Los boy scouts del Colegio Franco Mexicano formaron valla de la puerta del cementerio hasta el sepulcro, para que hubiera orden.

Hay fallecimientos que alcanzan la estatura de un gigantesco alto horno o hasta de uno de los cerros emblemáticos de Monterrey. Así sucedió con el de Eugenio Garza Sada, líder empresarial mexicano, director del grupo industrial VISA (ahora FEMSA), fundador del Tec de Monterrey.

Su muerte ocurrió al resistirse a un secuestro en septiembre de 1973. Más de 250 mil personas acudieron a su sepelio. Más de 50 agrupaciones sociales de Monterrey acordaron guardar nueve días de luto en su memoria.


Hay muertes muy bien vividas.

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