“La vida es tan incierta que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta”. Alejandro Dumas.
Luego de casi tres años muy aciagos y dolorosos para todo mundo, quienes sobrevivimos tenemos el deber de agradecer principalmente a Dios porque si bien de una u otra manera fuimos tocados por la tragedia y el dolor; aquí seguimos y si algunas mañanas son tristes y nubladas, por cada una de ellas existen 20 más en las que el sol sale y calienta y revive.
Por ello, cada día que compruebas que tienes la capacidad de levantarte, levanta tu mirada al cielo y agradece por esa bendición, pero también saluda a tus amores que ya se fueron y que te esperan para mostrarte tu nuevo hogar y tu nueva vida, la mejor, la soñada, la que no perece.
Y justamente hoy que el otoño amanece un poquito sombrío me topo con una bellísima oración que quiero compartir. Se trata de la oración Judía de Rosh Hashan¨ (año nuevo), que siempre es oportuna aunque no precisamente estemos recibiendo un año más.
Va como un homenaje a la vida y a todo lo que en la nuestra vivimos y nos quede por vivir:
Que tus despertares te despierten.
Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque «solo» se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen.
Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.
Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie, porque, sólo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Increíblemente bella esta oración que tiene mucho de poesía.
Y ojalá que cada uno de nosotros tuviese la capacidad de (como dice la oración) rescatar lo positivo de las personas que han cruzado en nuestra vida y quitemos lo malo, lo que nos daña y envenena. Porque la vida sigue hasta que se nos permita y lo único que dejaremos será un recuerdo que en nosotros está que tan bello o agradable sea y que el rostro de quien nos recuerda refleje una sonrisa …o una mueca. ¡Vive, comparte, agradece, da y siempre, siempre abraza y sonríe, hasta que Dios y la vida te permitan!














































