Los locos de la colonia o las mil caras de los pirados

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Somos pocos, pero estamos locos. (Pinta en una barda)

Salen de alguna casa de barrio, de entre una puerta de madera despostillada o de metal, y van por la calle…Si los encuentras, te vas de lado, los miras de reojo, sobre todo con el PANTERA, vestido con sus mallas de mujer, negras, su pelo largo negro y sus camisetas de tirantes. Cuando te sorprende grita en se coloca en pose de luchador a las manos abiertas. Los enajenados, los pirados dicen los jóvenes de la colonia, y las señoras de la esquina; son parte del entorno urbano de barrio, se les ve, te causa admiración su conducta, y simplemente…se les asume. Como la Señora GRITONA, que sale temprano y busca con desesperación, una cabina de teléfonos de monedas, descuelga y empieza a insultar subiendo el tono, hasta el insulto escupiendo nombres y acciones, que casi tienen que ver con alguien que se fue y ya no regresó.

Y así aparece , el PERITAS, que dormía , antes, ahora no, frente al umbral de una casa cerrada , derruida, abandonada ,la suya, que le fue quitada por oscuros parientes .Era mecánico, dice una primer historia, otra la secundaria, alerta sobre los sucesos, que vivió al encontrarse, con su pareja y que lo corrió de su propia vivienda, él se va quedando afuera, y terminó por olvidar todo y así mismo .Dormía envuelto en cobijas engrasadas por el tiempo y la lluvia y la obscuridad , que también tiñe de desolación. Automáticamente, le dejarías una cobija limpia y unas monedas que agradecería, cambiándolas por tortillas y una bolsa de frijoles calientes.

Son los locos, los enajenados, los enfermos mentales, no diagnosticados, y que viven entre sus parientes o vecinos, y que duermen ahí en algún callejón de la colonia.

Exaltación maniaca, ansiedad, patologías paranoides; fuera de la institución terapéutica, todo esto, según recuerdo, lo menciona el diario El País, como causales.

Son los enfermos de la mente, o tal y como los ven, las personas con las que conviven, los enfermitos, pero el término les parece agresivo, lo llevan al extremo del diminutivo y se conocen como…sus enfermitos.

Las vecinas los acogen , los arropan, mientras no se encuentre un mecanismo, de higiene mental que los reciba y los diagnostique, y los ayude a sanar en la medida de la medicina de nuestro tiempo, tan avanzada en el espacio y pobre aún, en la aceptación de la fragilidad humana, del hombre común , el de la calle.

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