“El tiempo es el mejor maestro. Incluso, sin que hagas preguntas te da las mejores respuestas”, es lo que leí hace unos días en el mensaje que un amigo subió en Facebook, y que ahora lo incluyo a manera de epígrafe para esta columna a fin de abordar un tema que interesa a todos, el tiempo.
¿Qué es en sí y significa el tiempo? ¿Por qué es del interés de todos? ¿Será porque el tiempo rige la vida humana? Humana. Recalquemos esta palabra con todas sus letras, pues sólo al ser humano le interesa el tiempo, pues si admitiéramos que existen animales con un mínimo de inteligencia, a ellos no les interesaría saber a fondo lo que significa el tiempo.
Cuando éramos niños y empezamos a tener uso de razón, el tiempo era importante porqué anhelábamos ser grandes, tener más años, al igual que nuestros seres queridos o como los héroes fantásticos de ese entonces, para imitarlos en lo que más nos impresionaban.
Incluso de adolescentes seguíamos con un ideal similar, pretendiendo ser como las personas mayores en lo que más se distinguían, así fuera en lo bueno (ser exitoso, por ejemplo) e incluso en algo no tan bueno (como fumar o tomar alcohol), aunque tal vez no en materia de vestir, pues la moda en la juventud es otra cosa para ellos.
Pero ya de adultos todo cambia, no quisiéramos cumplir muchos años, nos gustaría quedarnos jóvenes y también añoramos nuestros años felices de niño, pues no quisiéramos llegar a viejos. O sea… ¡Pura vanidad!
Lamentablemente, somos esclavos del tiempo y del reloj no se diga, pues ese artilugio, ya sea de pared, de pulso o el digital en el celular, que también nos ata a la vida diaria, desde que amanece hasta que nos retiramos a descansar por la noche. Soy uno de ellos, pues pertenezco a esta época.
Antes de la vida moderna, el hombre no conocía los relojes, digamos en la vida de un campesino, por ejemplo. Conocía el amanecer, desde el alba hasta el crepúsculo, incluso durante el día, con sol o sin sol, pues se guiaba por las sombras o por el hambre. Igual sucedía con los meses, guiándose por las épocas del año, y sin preocuparse de que cada 365 días tendría más años. ¡Bendita etapa de esa vida! (Al menos para mí, pues no estaría esclavizado a los relojes, salvo a mi reloj biológico).
Pero, en fin, creo nos sucede a todos los seres humanos (salvo los que sufren de algún retraso o deficiencia mental), porque vivimos una vida de espacio y tiempo en este mundo, lo que no sucedería saliendo del planeta que habitamos (Teoría de la Relatividad) o a quienes creemos en una vida espiritual posterior, después de morir y dejar nuestro cuerpo material.
Mientras estemos con vida, tendremos que seguir siendo esclavos de las horas, días, meses y años, pues tenemos que cumplir el rol o misión que nos corresponde a cada uno, actuando con seriedad y eficacia lo que a cada quien nos corresponde, por el bien nuestro y de los demás pues no estamos solos en este mundo.
Finalmente, recordemos el adagio que dice, “el tiempo es oro”, que no por ser un dicho popular, del vulgo, tiene mucho de sabiduría. Al tiempo hay que valorarlo.
Por ahora… ¡Es cuanto!











































