LOS INCANSABLES

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¡Más rápido! ¡Más lejos! ¡Más fuerte!

Existe un extraordinario grupo de atletas, cada uno de ellos calificado como loco, al que le encanta desafiar los límites de lo que consideramos humano.

No es tan joven, nació, muy posiblemente, en 1800: «Dos competidores de Nueva York hicieron una apuesta, ver quién recorría más corriendo durante seis días», hace historia el matrimonio Andonie, lagunero de origen; pionero y anfitrión de las ultracompetencias mundiales en México.

Sangre, sudor y lágrimas podría ser un buen eslogan para invitar a competidores de cualquier parte del mundo a participar. Al menos, sería muy real. Las carreras de ultradistancia, en las que deben cubrirse, soportados únicamente por unos tenis, distancias de hasta 2 000 kilómetros, son una lucha contra las capacidades del cuerpo, el dolor y el casi no dormir durante varios días.

Monterrey ha convocado a las más largas y difíciles competencias de este tipo a nivel mundial. Jorge Luis Andonie Dacarett, entrenador -y esposo- de la ultraatleta Silvia Andonie, ya supera los 20 campeonatos organizados desde 1992 a la fecha. Es presidente fundador de la Asociación Mexicana de Deportes de Ultradistancia. Él se encarga de elegir a los miembros de la selección mexicana que participa en los desafíos internacionales. Cerca de 40 países compiten en dichas celebraciones del aguante, entre los cuales México ha alcanzado lugares del 14 al 16.

Una buena forma de entrenar para este deporte es correr un día completo sin parar. Eso apenas es suficiente para estar en condición de resistir el hasta la fecha más largo triatlón que se ha efectuado en el planeta, celebrado en Monterrey en 1998: 76 km de natación, 3 600 km de ciclismo (como las distancias que se recorren por etapas en el Tour de Francia) y 844 km corriendo.

El clan de la ultradistancia cuenta con celebridades entre sus miembros. Por ejemplo Sergio Ferrero, príncipe de Muresanu, quien vive en un yate en Ibiza, España. Él ha participado en tres de los ultratriatlones regios. Pero la realeza compite, como en la historia, contra los plebeyos. En 1994 el carpintero checoeslovaco Jaroslav Pavelca vino a participar con apenas un par de tenis. A media carrera, quedó tendido en la pista. El dolor le impedía seguir: los tenis le apretaban y acabaron por abrirle un dedo hasta dejar expuesto el hueso.

Recibió cirugía. Uno de sus rivales le regaló uno de sus pares de tenis. Otro tomó un taxi a un centro comercial y le trajo unos nuevos. El checo terminó la competencia con su dedo cosido y además batió un récord mundial.

En la ultradistancia los competidores no se consideran enemigos, sino hermanos de batalla. En la carrera celebrada en Monterrey en 1995, un participante francés tuvo un accidente. Los demás no quisieron tomar ventaja y pararon hasta que el galo retomó la marcha.

La primera vez que uno de estos retos se celebró localmente, un patrocinador se negó a apoyarlos, «para no ser cómplice en la muerte de alguien». El principal logro de las ultracompetencias ha sido demostrar que no conocemos los límites de nuestras capacidades.

Las expresiones norteñas «vivo a la carrera» y «ser de carrera larga» son algo más que pura retórica… ¡y dan mucho para contar! La carrera para narrar estas historias no ha iniciado.

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