Seducción

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Efectúa una regresión

La gente que ha experimentado cierto tipo de placer en el pasado, intentará repetirlo o recordarlo. Los recuerdos más arraigados y agradables suelen ser los de la temprana infancia, a menudo inconscientemente asociados con la figura paterna o materna. Haz que tus objetivos vuelvan a esos momentos infiltrándote en el triángulo edípico y poniéndolos a ellos como el@ niñ@ necesitad@. Ignorantes de la causa de su reacción emocional, se enamorarán de ti. O bien, también tú puedes experimentar una regresión, dejándoles a tus blancos desempeñar el papel de padres/madres protector@, salvaguard@s. En uno u otro caso, ofreces la fantasía suprema: la posibilidad de tener una relación íntima con mamá o papá, hijo o hija.

LA REGRESIÓN ERÓTICA

Como adult@s tendemos a sobrevalorar nuestra infancia. En su dependencia e impotencia, l@s niñ@s sufren de verdad; pero cuando crecemos, olvidamos convenientemente eso y sentimentalizamos el supuesto paraíso que dejamos atrás.

Olvidamos el dolor y recordamos solo el placer. ¿Por qué? Porque las responsabilidaes de la vida adulta son a veces una carga tan opresiva que añoramos en secreto la dependencia de la infancia, a esa persona que estaba al tanto de cada una de nuestras necesidades, que hacía suyos nuestros intereses y preocupaciones.

Esta ensoñación nuestra tiene un fuerte componente erótico, porque la sensación de un@ niñ@ de depender de su p/madre está cargada de matices sexuales. Transmite a la gente una sensación similar a ese sentimiento de protección y dependencia de la niñez y proyectará en ti toda suerte de fantasías, incluidos sentimientos de amor o atracción sexual que atribuirá a otra cosa. Aunque no lo admitamos, es un hecho que anhelamos experimentar una regresión, despojarnos de nuestra apariencia adulta y desahogar las emociones infantiles que persisten bajo la superficie.

Al principio de su trayectoria, Sigmund Freud enfrentó un extraño problema: muchas de sus pacientes se enamoraban de él. Él creía saber qué sucedía: alentada por Freud, la paciente hurgaba en su infancia, la fuente, desde luego, de su enfermedad o neurosis. Hablaba de su relación con su padre, sus primeras experiencias de ternura y amor, y también de descuido y abandono. Este proceso desencadenaba poderosas emociones y recuerdos. En cierto modo, ella era transportada a su niñez. Intensificar este efecto era el motivo de que Freud hablara poco y se volviera un tanto frío y distante, aunque pareciera afectuoso; en otras palabras, de que se asemejara a la figura paterna tradicional. Entre tanto, la paciente estaba tendida en un diván, en una posición de desamparo o pasividad, de tal forma que la situación reproducía los roles padre hija. Finalmente, ella empezaba a dirigir a Freud mismo parte de las confusas emociones que encaraba. Sin saber lo que ocurría, ella lo relacionaba con su padre. La paciente experimentaba una regresión y se enamoraba. Freud llamó a este fenómeno «transferencia», la cual se convertiría en parte activa de su terapia. Al hacer que sus pacientes transfirieran al terapeuta parte de sus sentimientos reprimidos, ponía sus problemas al descubierto, donde podían enfrentarse en un plano consciente.

El efecto de transferencia era tan poderoso que a menudo Freud era incapaz de lograr que sus pacientes superaran su encaprichamiento. De hecho, la transferencia es una manera eficaz de crear un lazo emocional, la meta de la seducción. Este método tiene infinitas aplicaciones fuera del psicoanálisis. Para practicarlo en la realidad, debes actuar como terapeuta, alentando a la gente a hablar de su niñez. La mayoría lo haríamos con gusto; y nuestros recuerdos son tan vívidos y emotivos que una parte de nosotr@s experimenta una regresión con solo hablar de nuestros primeros años. Asimismo, en el curso de esa conversación suelen escaparse pequeños secretos: revelamos toda suerte de información valiosa sobre nuestras debilidades y carácter, información que tú debes atender y recordar. No creas todo lo que dicen tus objetivos; con frecuencia endulzarán o sobre dramatizarán sucesos de su infancia. Pero presta atención a su tono de voz, a cualquier tic nervioso al hablar, y en particular a todo aquello que no quieran mencionar, todo lo que nieguen o les emocione. Muchas afirmaciones significan en verdad lo contrario; si dicen que odiaban a su padre, por ejemplo, puedes estar segur@ de que encubren una enorme desilusión: que lo cierto es que amaban en exceso a su padre, y que quizá nunca obtuvieron de él lo que querían. Pon especial atención a temas e historias recurrentes. Sobre todo, aprende a analizar las reacciones emocionales, y a descubrir lo que hay detrás de ellas.

Mientras tus blancos hablan, mantén la actitud del@ terapeuta: atent@ pero callad@, haciendo comentarios ocasionales, sin criticar. Sé afectuos@ pero distante —de hecho algo indiferente—, y ellos empezarán a transferir emociones y proyectar fantasías en ti. Con la información que has reunido sobre su niñez, y el lazo de confianza que has forjado con ellos, puedes empezar a efectuar la regresión. Quizá hayas descubierto un poderoso apego al@ p/m-adre, un@ herman@ o un@ maestr@, o un encaprichamiento temprano, con una persona que proyecta una sombra sobre su vida presente. Sabiendo cómo era esa persona que tanto los afectó, puedes adoptar ese papel. O quizá te hayas enterado de un inmenso vacío en su infancia: un padre negligente, por ejemplo. Actúa entonces como ese padre, pero remplaza el descuido original por la atención y afecto que el padre real nunca proporcionó. Tod@s tenemos asuntos pendientes de la niñez: desilusiones, carencias, recuerdos dolorosos. Termina lo que quedó inconcluso. Descubre lo que tu objetivo nunca tuvo y contarás con los ingredientes necesarios para una honda seducción.

La clave es no hablar solo de recuerdos; eso sería insuficiente. Lo que debes hacer es lograr que la gente actúe en el presente problemas de su pasado, sin estar consciente de lo que ocurre. Las regresiones que puedes efectuar se dividen en cuatro grandes tipos.

La regresión infantil. El primer vínculo —el vínculo entre una madre y su hij@ — es el más poderoso de todos. A diferencia de otros animales, los bebés humanos tenemos un largo periodo de desamparo, durante el que dependemos de nuestra madre, lo que engendra un apego que influye en el resto de nuestra vida. La clave para efectuar esta regresión es reproducir la sensación del amor incondicional de una madre por su hij@. Nunca juzgues a tus blancos; déjalos hacer lo que quieran, incluso portarse mal; al mismo tiempo, rodéalos de amorosa atención, cólmalos de comodidades. Una parte de ellos hará una regresión a esos primeros años, cuando su madre se hacía cargo de todo y rara vez los dejaba solos. Esto funciona para casi tod@s, porque el amor incondicional es la forma de amor más rara y preciada. Ni siquiera tendrás que ajustar tu conducta a algo específico de la infancia de tus objetivos; la mayoría hemos experimentado ese tipo de atención. Mientras tanto, crea atmósferas que refuercen la sensación que generas: ambientes cálidos, actividades divertidas, colores brillantes y alegres.

La regresión edípica. Después del lazo entre madre e hij@ viene el triángulo edípico madre, padre, hij@. Este triángulo se forma durante el periodo de las primeras fantasías eróticas del@ niñ@. Un niño quiere a su madre para sí, una niña a su padre, pero jamás lo logran, porque un@ m/p-adre siempre tendrá relaciones rivales con su cónyuge u otr@s adult@s. El amor incondicional ha desaparecido; ahora, inevitablemente, el@ p/m-adre puede negar a veces lo que el@ hij@ desea.

Transporta a tu víctima a ese periodo. Desempeña el papel p/m-aterno, sé cariños@, pero en ocasiones también regaña e inculca algo de disciplina. En realidad a l@s niñ@s les agrada un poco de disciplina; les hace sentir que el@ adult@ se preocupa de ell@s. Y a los niñ@s adult@s también les estremecerá que mezcles tu ternura con un poco de dureza y castigo.

A diferencia de la regresión infantil, la edípica debe ajustarse a tu objetivo. Esta regresión depende de la información que hayas reunido. Sin saber suficiente, podrías tratar a una persona como niñ@, regañándola de vez en cuando, solo para descubrir que suscitas recuerdos desagradables: tuvo demasiada disciplina cuando niñ@. O podrías generar recuerdos de un@ p/m-adre aborrecible, y ella transferirá a ti esos sentimientos. No sigas adelante con la regresión hasta que te hayas enterado lo más posible de la niñez de tu blanco: aquello de lo que tuvo demasiado, lo que le faltaba, etcétera. Si el objetivo estuvo firmemente apegado a su p/m-adre pero ese apego fue parcialmente negativo, la estrategia de la regresión edípica puede ser muy efectiva de todas formas. Siempre nos sentimos ambivalentes ante nuestr@ p/madre; aun si l@ amamos, resentimos haber tenido que depender de éll@. No te preocupes si  La regresión del ego ideal. Cuando niñ@s, solemos formarnos una figura ideal a partir de nuestros sueños y ambiciones. Primero, esa figura ideal es la persona que queremos ser. Nos imaginamos como valientes aventureros, figuras románticas.

Luego, en nuestra adolescencia, dirigimos nuestra atención a l@s demás, a menudo proyectando en ell@s nuestros ideales. El@ primer@ chic@ del@ que nos enamoramos podría habernos dado la impresión de poseer las cualidades ideales que queríamos para nosotr@s, o bien podría habernos hecho sentir que podíamos desempeñar ese papel ideal en relación con éll@. La mayoría llevamos esos ideales con nosotr@s, ocultos justo bajo la superficie. Nos decepciona en secreto cuánto hemos tenido que transigir, lo bajo que hemos caído desde nuestro ideal al madurar.

Haz sentir a tus objetivos que cumplen su ideal de juventud y están cerca de ser lo que querían, y efectuarás una clase distinta de regresión, creando una sensación reminiscente de la adolescencia. La relación entre el@ seducid@ y tú es en este caso más equitativa que en las anteriores clases de regresiones, más como el afecto entre herman@s. De hecho, el ideal suele basarse en un hermano o hermana. Para crear este efecto, esmérate en reproducir la atmósfera intensa e inocente de un encaprichamiento de juventud.

La regresión m/p-aterna inversa. Aquí eres tú quien experimenta una regresión: desempeñas deliberadamente el papel del@ niñ@ bonit@, adorable, pero también sexualmente cargad@. L@s mayores consideran siempre a l@s jóvenes increíblemente seductor@s. En presencia de jóvenes, sienten volver un poco de su propia juventud; pero son mayores, y junto con la vigorización que experimentan en compañía de la gente joven, está para ell@s el placer de hacerse pasar por madre o padre. Si un@ hij@ experimenta sensaciones eróticas hacia su m/p-adre, las cuales son rápidamente reprimidas, el@ p/m-adre enfrenta el mismo problema, a la inversa.

Asume el papel del@ niñ@ con tus objetivos y ellos exteriorizarán algunos de esos sentimientos eróticos reprimidos. Podría parecer que esta estrategia implica diferencia de edades, pero esto no es crucial. Las exageradas cualidades infantiles de Marilyn Monroe operaban perfectamente bien con hombres de su edad. Enfatizar una debilidad o vulnerabilidad de tu parte le dará al objetivo la oportunidad de actuar como protector@.

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