El pasado fin de semana, después de los hechos que se suscitaron dentro del partido, en el Estadio Corregidora, entre “pseudoaficionados” del Atlas y Querétaro, donde se registró todo un caos.
Hoy como sociedad debemos replantearnos en qué tipo de sociedad nos hemos convertido, que tipo de personas somos; es inevitable sentir pena y dolor por todo aquello que muchos vimos a través de un monitor, es tan difícil no derramar lágrimas al ver todo lo que estaba sucediendo y que fue difundido; nos vamos dando cuenta que muchos no pueden llamarse seres humanos, sino animales, seres incivilizados, sin escrúpulos, sin corazón, con falta de empatía para sus semejantes.
Es tan triste ver que nuestros jóvenes, aquellos que se supone deberían ser el futuro de México, cometieron no sólo actos vandálicos, sino actos de salvajismo; que golpeaban a diestra y siniestra, sin remordimiento, ni conciencia alguna a personas que yacían tirados inconscientes.
De verdad que cuadro tan inhumano logramos ver… Un lugar que debió ser sólo para esparcimiento, un lugar en donde se disputa un partido que si pierde o gana tu equipo sólo se trata de mostrar apoyo incondicional, un lugar que debería ser para relajar, disfrutar y de ámbito cien por ciento familiar; se convirtió en un lugar trágico y en la peor pesadilla de quienes asistieron y presenciaron tal crueldad.
Es por demás el mencionar que no eran jóvenes apoyando a algún equipo, eran verdaderas bandas delictivas que iban con la intención de manchar lo que debió ser un simple partido.
Hoy quejándonos de lo que pasa en Ucrania y Rusia, donde ha habido miles de muertos; sin ver que nosotros mismos estamos en una lucha de poder, de quien es mejor que quien, quien pueda más que quien.
Que lamentable darse cuenta que es tan fácil descargar nuestras frustraciones, enojos, nuestras carencias; en un cuerpo inerte.
En donde quedaron los valores, la educación, la empatía, la solidaridad, y sobre todo, en dónde quedaron los padres de esos jóvenes que actuaron con tal saña para que no les importara la vida de los demás.
Creo que ha llegado el momento de ver y darnos cuenta que tipo de hijos estamos criando, que valores estamos inculcando, que educación hemos venido ofreciendo, para que se actúe de forma tan malvada e irracional, sin darle la menor importancia a otro ser humano.
Es tan difícil el comprender qué tipo de cosas pasan por la cabeza de quienes no les importa la vida de los demás, con qué facilidad y sin titubear se convierten en agresores o asesinos.
Espero que tan lamentables hechos nos haga recapacitar como sociedad, cómo padres, cómo seres humanos, sobre lo que está sucediendo dentro de nuestro entorno, de nuestro ámbito familiar, de nuestro propio corazón. A dónde vamos a parar y que tanto más vamos a seguir permitiendo, que otra cosa debe suceder para darnos cuenta que estamos mal y que vamos muy mal encaminados.
Hagamos un alto en nuestro camino y veamos el ejemplo que damos como padres; y cómo hijos, el único papel que debemos tomar en cuenta, es que debemos ser mucho mejores que nuestros padres; que si el ámbito que nos rodea no es perfecto o si está lleno de violencia, eso no es ningún pretexto para continuar por la misma línea.
Se trata de tener conciencia, de mejorar, de cambiar… Recordemos que: “La conciencia sin acción, no tiene valor” (Phil Mc Graw).
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