L@s antiseductor@s pueden adoptar muchas formas y clases, pero casi tod@s comparten un atributo, el origen de su fuerza repelente: la inseguridad. Tod@s somos insegur@s, y sufrimos por ello. Pero a veces podemos superar esa sensación: un compromiso seductor puede sacarnos de nuestro usual ensimismamiento; y en el grado en que seducimos o somos seducid@s, nos sentimos apasionad@s y segur@s.
L@s antiseductor@s, en cambio, son hasta tal punto insegur@s que es imposible atraerl@s al proceso de la seducción. Sus necesidades, sus ansiedades, su apocamiento l@s cierran. Interpretan la menor ambigüedad de tu parte como un desaire a su ego; ven el mero indicio de alejamiento como traición, y es probable que se quejen amargamente de eso.
Parece fácil: l@s antiseductor@s repelen, así que son repelid@s: evítal@s.
Desafortunadamente, a much@s antiseductor@s no se les puede detectar como tales a primera vista. Son más sutiles, y a menos que tengas cuidado te atraparán en una relación muy insatisfactoria. Busca pistas de su ensimismamiento e inseguridad: quizá son mezquin@s, o discuten con inusual tenacidad, o son hipercrític@s. Tal vez te colman de elogios inmerecidos, y te declaran su amor antes de saber nada acerca de ti. O, sobre todo, no prestan atención a los detalles. Como no pueden ver lo que te vuelve diferente, son incapaces de sorprenderte con una atención matizada.
Es crucial reconocer los rasgos antiseductores no solo en los demás, sino también en nosotr@s mism@s. En el carácter de casi tod@s están latentes uno o dos de los rasgos del@ antiseductor@, y en la medida en que podamos erradicarlos conscientemente, seremos más seductor@s. La falta de generosidad, por ejemplo, no necesariamente indica antiseducción si es el único defecto de una persona; pero una persona mezquina rara vez es atractiva de verdad. La seducción implica abrirte, así sea solo para engañar; ser incapaz de dar dinero suele significar ser incapaz de dar en general. Destierra la mezquindad. Es un impedimento para el poder y una falta grave en la seducción.
Lo mejor es deshacerse pronto de l@s antiseductor@s, antes de que hundan sus ávidos tentáculos en ti, así que aprende a identificar las señales que l@s distinguen.
Estos son los principales tipos.
El@ brut@. Si la seducción es una especie de ceremonia o ritual, parte del placer es su duración: el tiempo que tarda, la espera que intensifica la expectación. L@s brut@s no tienen paciencia para estas cosas; les interesa su placer, no el tuyo.
Ser paciente es demostrar que piensas en la otra persona, lo que nunca deja de impresionar. La impaciencia tiene el efecto opuesto: como suponen que estás tan interesad@ en ell@s que no tienen razón para esperar, l@s brut@s ofenden con su egotismo. Bajo ese egotismo suele haber también un corrosivo complejo de inferioridad, así que si l@s desdeñas o l@s haces esperar, reaccionan en forma exagerada. Si sospechas que tratas con un@ brut@, aplica una prueba: haz esperar a esa persona. Su reacción te dirá todo lo que necesitas saber.
El@ sofocador@. L@s sofocador@s se enamoran de ti antes siquiera de que estés semiconsciente de su existencia. Esta inclinación es engañosa —podrías pensar que te consideran avasallador@—, porque el hecho es que padecen un vacío interior, un profundo pozo de necesidades que no se puede llenar. Jamás te enredes con sofocador@s; es casi imposible librarte de ell@s sin un trauma. Se aferran a ti
hasta que te obligan a retirarte, tras de lo cual te asfixian con culpas. Tendemos a idealizar al ser amado, pero el amor tarda en desarrollarse. Reconoce a l@s sofocador@s por lo rápido que te adoran. Tanta admiración podría dar un momentáneo impulso a tu ego, pero en el fondo sentirás que esas intensas emociones no se relacionan con nada que hayas hecho. Confía en tu intuición. Una subvariante del@ sofocador@ es el tapete, la persona que te imita de modo servil. Identifica pronto a este tipo viendo si es capaz de tener una idea propia. La imposibilidad de discrepar de ti es mala señal.
El@ moralizador@. La seducción es un juego, y debe practicarse con buen humor. En el amor y la seducción todo se vale; la moral no cabe nunca en este marco. Pero el carácter del@ moralizador@ es rígido. Se trata de personas que siguen ideas fijas e intentan hacer que te pliegues a sus normas. Quieren que cambies, que seas mejor, así que no cesan de criticarte y juzgarte: tal es su gusto en la vida. Lo cierto es que sus ideas morales se derivan de su infelicidad, y esas mismas ideas encubren el deseo de l@s moralizador@s de dominar a quienes l@s rodean. Su incapacidad para adaptarse y disfrutar l@s hace fáciles de reconocer; su rigidez mental también puede ser acompañada de tensión física. Resulta difícil no tomar sus críticas como algo personal, así que es mejor evitar su presencia y sus venenosos comentarios.
El@ avar@. La tacañería indica algo más que un problema con el dinero. Es una señal de algo refrenado en el carácter de una persona, algo que le impide soltarse o correr riesgos. Este es el rasgo más antiseductor de todos, y no te puedes permitir ceder a él. La mayoría de l@s avar@s no se dan cuenta de que tienen un problema; creen que cuando dan migajas a alguien, son generos@s. Examínate con atención: tal vez seas más tacañ@ de lo que piensas. Intenta dar más, tanto dinero como de ti mism@, y descubrirás el potencial de seducción de la generosidad selectiva. Claro que debes mantener tu generosidad bajo control. Dar demasiado podría ser un signo de desesperación, de que quieres comprar a alguien.
El@ farfullador@. L@s farfullador@s son personas cohibid@s, y su cohibición acentúa la tuya. Al principio podrías creer que piensan en ti al grado de volverse torpes. Pero de hecho solo piensan en sí mism@s: les preocupa su aspecto, o las consecuencias para ell@s de su tentativa de seducirte. Su inquietud suele ser contagiosa: pronto te preocuparás también, por ti. L@s farfullador@s llegan rara vez a las últimas etapas de la seducción; pero si lo hacen, también echan a perder eso. En la seducción, el arma clave es la audacia, lo que priva de tiempo al objetivo para detenerse a pensar. L@s farfullador@s no tienen sentido de la oportunidad. Podría parecerte divertido tratar de instruirl@s o educarl@s; pero si siguen farfullando pasada cierta edad, es muy probable que su caso sea irremediable: son incapaces de salir de sí mism@s.
El@ locuaz. La seducción más efectiva se lleva a cabo con miradas, acciones indirectas, señuelos físicos. Las palabras ocupan un lugar aquí, pero demasiadas romperán por lo general el encanto, agudizando así las diferencias superficiales y sobrecargando la situación. La gente que habla mucho suele hablar de sí misma. Jamás adquirió esa voz interior que pregunta: «¿Te estoy aburriendo?». Ser locuaz es tener un egoísmo muy arraigado. Nunca interrumpas ni discutas con personas de este tipo; eso solo estimulará su charlatanería. Aprende a toda costa a controlar tu lengua.
El@ reactor@. L@s reactor@s son demasiado sensibles, no a ti sino a su ego. Examinan todas y cada una de tus palabras y actos buscando señales de desaires a su vanidad. Si retrocedes estratégicamente, como a veces deberás hacerlo en la seducción, cavilarán y arremeterán contra ti. Son propens@s a quejarse y gimotear, dos rasgos muy antiseductores. Ponl@s a prueba contando un chiste moderado a sus
expensas: tod@s deberíamos poder reírnos un poco de nosotr@s mism@s, pero el@ reactor@ es incapaz de hacerlo. Puedes adivinar resentimiento en sus ojos. Elimina todos los rasgos reactivos de tu carácter: repelen inconscientemente a la gente.
El@ vulgar. L@s vulgares no ponen atención a los detalles, tan importantes en la seducción. Puedes comprobar esto en su apariencia personal —su ropa es de mal gusto desde cualquier punto de vista— y en sus actos: ignoran que a veces es mejor controlarse, no ceder a los propios impulsos. L@s vulgares: dicen todo en público. No tienen sentido de la oportunidad y rara vez están en armonía con tus gustos. La indiscreción es señal segura del@ vulgar (contar a otr@s el romance entre ustedes, por ejemplo); este acto podría parecer impulsivo, pero su verdadera fuente es el egoísmo radical de l@s vulgares, su incapacidad para verse como l@s demás l@s ven. Más que solo evitarl@s, conviértete en su contrario: tacto, estilo y atención a los detalles son todos ellos requisitos básicos de un@ seductor@.













































