Somos lo que comemos

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Tres niveles se le ven a esta cuestión: comer es alimentar el cuerpo, las emociones y el espíritu, dicen los de la ciencia de los alimentos.

Recordamos, que en una extraña ceremonia los hindúes, te ofrecen una comida, que está preparada y dedicada al espíritu más alto, a la vibración más alta. Pasadam, se llama.

Los llamados chamanes, de la tradición, dan de comer primero, a la madre tierra, y luego preparan los alimentos que comerán las comunidades.

Los aztecas comían de animales que los hacían aptos para la guerra. Perros, serpientes y otros.

Si somos lo que comemos, como dice el filósofo y antropólogo alemán, L. Feurbach; y además, si sumamos, la otra frase, de Hipócrates, que hace, sólido, el pensamiento en relación a los alimentos y que al calce dice: tu alimento, sea tu medicina y tu medicina, sea tu alimento…

Encontraríamos, que los ejemplos que siguen, construiría un retrato de algo más sutil.

Contemplamos a un individuo, ante un plato de menudo, hecho con vísceras de res, u otro, ser frente a un plato de tripitas , confeccionado con vísceras de res, o una persona sentada ante un famoso plato de migas, huesos triturados de cerdo con aderezo de pan viejo, flotando en el vapor, entonces qué somos, qué medicina comemos…

Se formarán, nuevas emociones, sutiles de terciopelo, o surgirán nuevas formas fractales de pensamiento. Se elevará el espíritu hasta alcanzar la iluminación, como el Buda o levitará como San Juan de la Cruz, una vez que cruzó la noche oscura del alma.

Ante el plato de librillo, el Buda, no lograría, llegar a la iluminación, sentado ante el árbol del bodhi, ante el platillo de taquitos de tripita, gorda o blanda, San Juan de la Cruz, no podría hacer levitar el cuerpo desde el espíritu, y tal vez no lograría, ni siquiera atravesar, la noche oscura, y menos, sobrecargado con los huesitos triturados de cerdo, o con su arroz o garbanzo del mejor y más famoso plato de migas, aunque sea del mismísimo corazón de Tepito, que lo inmortalizó.

Los vegetarianos se la pasan hablando desde el pasado, del asunto de asociar la esencia, de los alimentos con el desarrollo emocional y el mental, y dan al mundo la idea de que ciertos alimentos hacen crecer la belicosidad, en el hombre, o por lo menos que la mente, el pensamiento, no reacciona con paz, luego de una comida copiosa y en la prevalece la carne y la carne de ciertos animales que son preparados para su consumo a través del miedo.

Se podrá hacer filosofía sentado ante un plato bien servido… respuesta, sí, porque somos un reflejo de lo que el alimento nos proporcionan, en la mesa se unen, religión, política, sobre todo ética, te comerías un tigrito, un cocodrilo, un murciélago.

Ahora bien, se supone desde el fondo de la nutrición que la comida podría ser un arte, así que somos lo que comemos, nuestro alimento es nuestra medicina, o a lo mejor no, pero eso lo sabremos luego de un plato humeante, con aromas de casa, y como dicen las madres de la tradición, primero comer que ser cristiano, o filosofo o guerrero. O no…

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