Que tristeza ver cómo cada día vamos de mal en peor, como el respeto, la educación y los valores ya quedaron muy extintos.
Hoy en día vemos como las nuevas generaciones van terminando solitos con ellos mismos, cada día nuestros jóvenes sin un toque de solidaridad, ni empatía.
Hoy por hoy el cambio es tan notorio en la población, los jóvenes con mucho menos tolerancia, con tantos arranques, con frustraciones al por mayor, sin entendimiento alguno y con ganas de destruir al prójimo.
¿En donde quedaron las buenas costumbres, los modales, la ayuda, la unidad, la paz, el diálogo, la esperanza?.
Hoy los jóvenes explotan de una manera tan fácil; la paciencia y el diálogo no existen en el vocabulario y es una pena ver que, ante cualquier circunstancia o problema, es tan sencillo amenazar, sacar un arma y matar a diestra y siniestra sin conciencia alguna.
Que ser mujer ya no es signo de debilidad, y eso lo veo súper bien; que tomemos fuerza, que hagamos trabajos que era inclusivos para el hombre, que crezcamos, que tengamos mejores puestos y salarios; pero no el creernos superiores, manipular, destrozar, herir y denigrar; que llamemos al libertinaje como libertad, que queramos salir adelante a expensas del otro, saboteando, difamando y pisoteando; eso no es feminismo.
Que nuestro comportamiento sea tan cavernícola ante las cosas que no nos gustan, tal y como sucedió con lo ocurrido en el concierto de Luis R. Conriquez, quien se negó a cantar narcocorridos y los asistentes reaccionaron causando destrozos de todo su equipo de trabajo, que lamentable ver hasta donde hemos llegado y todo lo que somos capaces de hacer.
La verdad es que resulta tan deplorable, ver el resultado de ser tan permisivos, de no educar con amor, de que nuestros jóvenes se sientan muy por encima de los padres, los adultos y las autoridades.
He visto tantas cosas de las que también están repletas las redes sociales, en donde los hombres hacen de las suyas, dejando de lado a sus esposas y la familia. Donde buscar sexo se volvió tan normal, y el amor se ha vuelto tan casual.
He visto que demostrar amor es tan cursi y hostigante; pero demostrar superioridad, es tan brillante.
Que las mujeres con el título de la otra o la «amante» se creen ganadoras y lo van pregonando, como si fuera un acto heroico y una gran hazaña el dejar en mal a la esposa, a la pareja o a la novia.
En donde muchos accidentes viales fueron posibles evitarlos, pero el alcohol y la irresponsabilidad, siempre hacen de las suyas.
Hoy llevamos una vida tan frívola, ventajosa y desorientada.
Estamos tan mal como sociedad, tan dañados; pero a nuestros ojos, ¡todo está bien!….
Hoy en día el compañerismo ya no existe, los chismes están a la orden del día, la envidia es tan notoria, los celos laborales tan desleales, la fidelidad tan traicionera, la amistad tan irrelevante y la familiaridad tan ambigua.
Poco a poco vamos acabando con nosotros mismos, ya no tomamos nada en serio, hoy todo es un reto y nuestra vida, emociones y esencia está cada día peor.
Detengamos por favor un poco nuestro andar, y replanteemos de nueva cuenta nuestra vida, que estamos haciendo como individuo y sociedad por mejorar, no solo nuestro entorno, sino nuestra vida misma, familiar y laboral. Pongamos de nuestra parte para mejorar, analicemos nuestro comportamiento y alejemos a aquello que nos envenena el alma, dejemos de lado lo que daña, mantengamos en paz nuestra conciencia, abracemos cada esfuerzo, cerremos las historias que dañan nuestro entorno.
Nadie es perfecto, eso me queda más que claro, pero seamos conscientes del daño que causamos, de lo que estamos haciendo mal, pensemos no solo en nosotros, sino en los demás.
Demos el valor a quien lo merece, si no pueden solos pidan ayuda. Si no cambiamos nosotros mismos, cada día estaremos peor y solitos nos seguiremos destruyendo poco a poquito.
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