Hace falta toda una vida para aprender a vivir”… Séneca
Esta mañana muy temprano escuché una poesía bellísima de la autoría de Rafael Amador, cantante y poeta ya fallecido. Se llama “En el camino aprendí”; y no pude evitar pensar en cuánto nos enseña la vida, larga o corta es un constante aprendizaje.
Desde nuestros primeros días de vida aprendemos por ejemplo a reconocer voces y rostros, y más adelante entornos y luego conocimientos que se van haciendo más complicados y así.. Nuestra vida es un constante aprendizaje.
Pero volviendo a la citada poesía me gustaría compartirla en este espacio para quienes Dios y la vida nos dan oportunidad de seguir aprendiendo:
En el camino aprendí… Que llegar alto no es crecer, que mirar no siempre es ver ni que escuchar es oir. Ni lamentarse es sentir, ni acostumbrarse querer.
En el camino aprendi…. Que estar solo no es soledad, que cobardía no es paz, ni ser feliz sonreir. Y que peor que mentir, es silenciar la verdad.
En el camino aprendí… Que puede un sueño de amor abrirse como una flor y como esa flor morir. Pero en su breve existir fue todo aroma y color.
En el camino aprendí… Que ignorancia no es saber, ignorante es ese ser cuya arrogancia más vil es de brutos presumir y no querer aprender.
En el camino aprendí… Que la humildad no es sumisión. La humildad es ese don que se suele confundir. No es lo mismo ser servil que ser un buen servidor.
En el camino aprendí… Que la ternura no es doblez, ni vulgar la sencillez ni lo solemne verdad. Vi al poderoso mortal y a idiotas con altivez.
En el camino aprendi… Que es mala la calidad del ser humano que da esperando recibir. Pero no hay defecto más ruin, que presumir de bondad.
En el camino aprendí… Que en cuestión de conocer, de razonar y saber es importante (entendí) mucho más que lo que vi, lo que me queda por ver.
“Camina siempre por la vida como si tuvieses algo nuevo que aprender…Y lo harás”…Vernon Howard.














































