La ciencia del charlatanismo

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¿CÓMO CREAR UN CULTO EN CINCO FÁCILES PASOS?

Al buscar, como deberá hacerlo, métodos que le permitan obtener el máximo poder con el menor esfuerzo, comprobará que el de crear seguidores que lo veneren es uno de los más efectivos. Tener una gran cantidad de seguidores abre todo tipo de posibilidades para el engaño. Sus seguidores no sólo lo venerarán, sino que lo defenderán de sus enemigos y asumirán por propia voluntad la tarea de atraer a otros que se unan al culto.

Este tipo de poder lo elevará a nuevas dimensiones: ya no tendrá que luchar o utilizar subterfugios para lograr imponer su voluntad. Usted será objeto de adoración y ya no podrá cometer errores. Quizá le parezca que es una tarea ímproba conseguir seguidores de este tipo, pero en realidad es muy simple. Como seres humanos, todos tenemos una necesidad desesperada de creer en algo, en cualquier cosa. Esto nos vuelve fundamentalmente crédulos: no podemos tolerar largos períodos de duda, o de ese vacío que origina la falta de algo en que creer.

Basta con que se nos tiente con alguna nueva causa, un elixir mágico, una formula de enriquecimiento rápido, la última tendencia tecnológica o el más novedoso movimiento artístico, para que de inmediato salgamos del agua para morder el anzuelo. Echemos una mirada a la historia: las crónicas de nuevos cultos y tendencias que han atraído masas de seguidores podrían llenar bibliotecas enteras. Al cabo de unos pocos siglos, décadas, años o meses, suelen parecer ridículos, pero en su momento resultan tan atractivos, tan trascendentes, tan divinos.

Siempre prontos a creer en algo, nos fabricamos santos y religiones a partir de la nada. No desperdicie esta potencial credulidad: conviértase en objeto de adoración. Haga que la gente inicie un culto en torno de usted.

Los grandes charlatanes europeos de los siglos XVI y XVIL dominaban con maestría el arte de la fabricación de cultos. Vivían, al igual que nosotros ahora, en un tiempo de transformación: las religiones organizadas declinaban y las ciencias ascendían. La gente desesperaba por unirse alrededor de alguna nueva causa o fe. Los charlatanes comenzaron a vender de puerta en puerta sus elixires curativos y recetas mágicas para alcanzar la riqueza. Pasaban con rapidez de una ciudad a otra, y en un principio centraban su atención en pequeños grupos.
hasta que, de manera accidental, descubrieron una verdad profunda de la naturaleza humana: cuanto mayor era el grupo
que convocaban a su alrededor, más fácil les resultaba engañar a la gente.

El charlatán se ubicaba en una elevada plataforma de madera (de ahí el término «saltabancos» o el más familiar «saltimbanqui») y la multitud se apiñaba a su alrededor. En tal entorno grupal, la gente se volvía mucho más emocional y menos capaz de razonar.

Si el charlatán se hubiese dirigido a cada uno en forma individual, tal vez lo habrían considerado ridículo, pero perdidos en un
grupo se sumían en un espíritu colectivo de fascinada atención.

Les resultaba imposible tomar la distancia suficiente para ser escépticos. Cualquier punto débil de las ideas del charlatán quedaba oculto por el fervor del grupo. La pasión y el entusiasmo se difundían entre la masa como algo contagioso, y la gente reaccionaba con violencia ante cualquiera que osara sembrar alguna duda. Pero al estudiar, en forma consciente esta dinámica durante décadas, experimentando y adaptándose espontáneamente a estas situaciones a medida que se producían, los charlatanes perfeccionaron la ciencia de atraer y mantener la fidelidad de una multitud, convertir esa masa en seguidores, y a los seguidores, en practicantes de un culto.

Los artilugios de los charlatanes podrán parecer extraños o pintorescos hoy en día, pero entre nosotros sigue habiendo miles de charlatanes que utilizan los mismos métodos de probada eficacia que perfeccionaran sus predecesores en los siglos pasados; sólo han cambiado los nombres de sus elixires y la apariencia modernizada de sus cultos. Encontramos estos charlatanes modernos en todos los ámbitos de la vida: los negocios, la moda, la política, las artes. Muchos quizá continúan la tradición de la charlatanería sin conocer siquiera su historia, pero usted puede actuar de forma más sistemática y deliberada.

Le bastará con seguir los cinco pasos para la fabricación de un culto, que nuestros antepasados charlatanes perfeccionaron a través de los tiempos.

Paso 1: La vaguedad y la indefinición, dos grandes imanes.

En primer lugar, para crear un culto deberá atraer la atención. No debe hacerlo por medio de sus acciones, que resultarán demasiado evidentes y fáciles de interpretar, sino a través de las palabras, que suelen ser brumosas y engañosas. Sus discursos, conversaciones y entrevistas iniciales deben incluir dos elementos: por un lado, la promesa de algo grandioso y transformador, y por el otro, hacer gala de una vaguedad absoluta. Esta combinación habrá de generar todo tipo de sueños vagos e indefinidos entre los integrantes de su público, que harán sus propias conexiones y verán lo que deseen ver.

Para que la vaguedad resulte atractiva, utilice palabras de gran resonancia pero de significado indefinido, palabras llenas de ardor y entusiasmo. Siempre es útil emplear títulos rimbombantes para denominar cosas simples, así como recurrir a los números e inventar palabras nuevas para aludir a conceptos vagos. Todo esto crea la impresión de un conocimiento especializado, que le confiere un barniz de profundidad. Por la misma razón, procure que el objeto de su culto sea algo novedoso y reciente, a fin de que muy pocos lo entiendan. Si se la maneja con habilidad, la combinación de promesas vagas, conceptos brumosos pero seductores y un ardiente entusiasmo condicionará
el ánimo de la gente y convocará un grupo en torno de usted.

Si habla con demasiada vaguedad, carecerá de credibilidad. Pero más peligroso aún es ser específico. Si explica en detalle los beneficios que la gente obtendrá al seguir su culto, todos esperarán que los cumpla.

Como corolario de su vaguedad, su elemento de atracción también debe ser simple. Los problemas de la mayoría de la gente tienen causas muy complejas: neurosis profundamente arraigadas, factores sociales interconectados, raíces que se remontan en el tiempo y son muy difíciles de desentrañar. Sin embargo, muy pocos tienen paciencia para ocuparse de esto. La mayoría de la gente quiere encontrar soluciones simples para sus problemas. La habilidad de ofrecer este tipo de solución le conferirá gran poder y le generará una cantidad de seguidores. En lugar de las explicaciones complejas de la vida real, vuelva a las soluciones primitivas de nuestros antepasados, a los viejos
remedios caseros, a las misteriosas panaceas.

Paso 2 Enfatice lo visual y lo sensual por sobre lo intelectual.

Una vez que la gente haya comenzado a congregarse alrededor de usted, aparecerán dos peligros: el aburrimiento y el escepticismo. El aburrimiento hará que los adeptos lo abandonen por otro; el escepticismo les permitirá distanciarse para pensar de manera racional lo que usted les ofrece, y así disipar la niebla tan artísticamente creada por usted y desenmascarar la verdad de sus ideas. Deberá aprender a divertir a los aburridos y a mantener alejados a los cínicos.

La mejor forma de hacerlo es a través de una buena actuación u otros recursos similares. Rodéese de lujos, deslumbre a sus seguidores con esplendores visuales, lléneles los ojos con espectáculos deslumbrantes. Esto no sólo les impedirá ver cuán absurdas son sus ideas y cuán hueco es su sistema de convicciones, sino que también llamará más la atención y atraerá a más seguidores. Embelese los sentidos: utilice incienso para el olfato, música sedante para el oído, y cuadros y gráficos para la vista.

Incluso puede incentivar la mente, quizá recurriendo a algunos novedosos elementos tecnológicos que darán a su culto una pátina de pseudo-ciencia; cualquier cosa que impida que su público piense. Utilice lo exótico, culturas lejanas, costumbres foráneas, para crear efectos teatrales y hacer que lo más banal y ordinario parezca señal de algo extraordinario.

Paso 3: Copie las formas de las religiones organizadas para estructurar el grupo.

El grupo de sus seguidores ha ido en aumento; ha llegado el momento de organizarlo. Busque hacerlo de manera tal que eleve el espíritu y a la vez reconforte. Las religiones organizadas ejercen incuestionada autoridad desde hace tiempo sobre un gran número de gente, y siguen haciéndolo aun en nuestra época supuestamente poco religiosa. Aunque la religión en sí misma ha palidecido un tanto, sus formas siguen trasuntando poder. Las excelsas y sagradas asociaciones de la religión organizada pueden explotarse hasta el infinito. Inventa rituales para sus seguidores; organícelos de manera jerárquica, asignándoles un rango específico según su grado de santidad y dándoles nombres
y títulos que tengan connotaciones religiosas; pídales sacrificios que llenen sus arcas y aumenten su poder. Para enfatizar la naturaleza
cuasi religiosa de su congregación, hable y actúe como un profeta.

Después de todo, usted no es un dictador; usted es un sacerdote, un gurú, un sabio, un chamán o cualquier otro término que oculte su verdadero poder entre la bruma de la religión.

Paso 4: Disimule su fuente de ingresos. Su grupo ha crecido y usted lo ha estructurado de manera eclesiástica.

Sus cofres empiezan a llenarse con el dinero de sus seguidores. Sin embargo, nunca deben verlo como un líder ansioso de obtener dinero y el poder que éste da. Es en este momento cuando usted debe disimular la fuente de sus ingresos. Sus seguidores quieren creer que, si lo siguen, todo tipo de cosas positivas les caerá en el regazo. Al rodearse de lujos, usted se convierte en la prueba viviente de la solidez de esas convicciones. Nunca revele que, en realidad, su fortuna proviene de los bolsillos de sus seguidores. Procure, en cambio, que
parezca provenir de la verdad de sus métodos. Sus seguidores copiarán cada uno de sus movimientos, en la convicción de que ello les dará los mismos resultados que a usted, y ese entusiasmo imitativo los cegará al fraudulento origen de su riqueza.

Paso 5: Establezca una dinámica de «nosotros contra ellos».

Ahora el grupo es grande y próspero, un imán que atrae más .y más partículas. Sin embargo, si usted no pone mucho cuidado, la
inercia irá instalándose en su grupo y el tiempo y la monotonía terminarán por desmagnetizarlo. Para mantener unidos a sus seguidores, es necesario que haga lo que han hecho siempre todas las religiones y otros sistemas de convicciones: crear una dinámica de «nosotros contra ellos».

En primer lugar, asegúrese de que sus seguidores crean que forman parte de un club exclusivo unido por los lazos de los objetivos en común. Luego, para reforzarlo, cree la noción de que algún artero enemigo intenta arruinarlos, una fuerza de no creyentes que harán cualquier cosa por frenarlos. Ahora, cualquier tercero que intente revelar la naturaleza fraudulenta de su sistema de convicciones podrá ser identificado como miembro de esas fuerzas malignas.
Si usted no tiene enemigos, invéntelos. Si les da alguien contra quien actuar, sus seguidores se unirán y ganarán en cohesión, pues tendrán una causa que defender e infieles que destruir.

⚠️UNA ADVERTENCIA ⚠️

Una de las razones de generar seguidores es que un grupo suele ser más fácil de engañar que un individuo, y por lo tanto le conferirá a usted mucho más poder. Esto, sin embargo, implica un riesgo: si, en algún momento, el grupo adivina el fraude, usted deberá enfrentarse no con una sola persona engañada sino con una muchedumbre furiosa que lo destrozará con la misma avidez con que antes lo siguió. Los charlatanes corrían constantemente ese riesgo y siempre estaban preparados para huir de la ciudad en cuanto se descubriera que sus elixires no servían para nada o que sus ideas eran un fraude. Si eran demasiado lentos, terminaban pagando su charlatanería con la vida. Al jugar con las multitudes, usted juega con fuego; debe estar siempre atento a la más mínima chispa de duda, a cualquier enemigo que pueda volver a la multitud contra usted. Cuando juega con las emociones de una muchedumbre, debe saber adaptarse y sintonizar de inmediato los distintos estados de ánimo y deseos generados por el grupo. Utilice espías, anticípese a los hechos y tenga siempre las valijas
preparadas. Por eso, quizás en ocasiones prefiera tratar con la gente en forma individual. Aislar a una persona de su entorno habitual puede producir el mismo efecto que insertarla en un grupo: la forma más susceptible a la sugestión y a la intimidación. Elija al incauto adecuado, y si en algún momento éste adivina la verdad, usted podrá escapar con más facilidad de él que de una multitud.

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