Higinio Esparza es un baúl de recuerdos y anécdotas

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Platicar con Higinio Esparza Ramírez, el más antiguo de los reporteros de la vieja guardia de El Siglo de Torreón, es como hurgar en un baúl de recuerdos y anécdotas del periódico regional, que ha llegado felizmente a 100 años de existencia.

–¿Qué particularidades de don Antonio de Juambelz vienen a tu mente en estos días que cumple El Siglo de Torreón, o sea los mismos años que él tuvo en su existencia? Preguntaba hace poco al compañero Higinio Esparza, a guisa de entrevista al vuelo, recordando viejos tiempos en que él y yo prestábamos nuestros servicios de reporteros.

“Que don Antonio ejercía un periodismo austero; nada de lisonjas para los políticos, y mucho menos a los funcionarios públicos en turno, pues tu sabes que el roce diario crea acercamientos y amistades, y con ello se pierde la línea periodística.”

“En mi caso, los reporteros tuvimos que enfrentarnos a situaciones un tanto desagradables con los políticos que nos tocaba entrevistar con motivo de tal o cual información y ésta saber sortearla lo mejor posible, ya que venían las protestas de los hombres públicos por aquellas informaciones que no convenían a sus intereses, y el primer amenazado era el reportero.”

“Cuando ese funcionario sentía que el periódico no le favorecía, venían los desencuentros con el director, pero el reportero era quien tenía que soportar las críticas aparecidas en “Verdades y Rumores”, “Al Margen” y “Nauyaca”, las columnas preferidas por los lectores por los señalamientos a los políticos destinadas a enderezar rumbos en la esfera pública. Había que soportarlas o renunciar, y esto último era lo que tenían que hacer en algunos casos.”

-¿Recuerdas algunos casos que pudieras narrar, Higinio? Y en seguida detalló lo siguiente:

“Recuerdo mis aventuras con un presidente municipal a raíz de una publicación a ocho columnas sobre los hidrantes del Parque Industrial de Gómez Palacio, que en su mayoría estaban fuera de operación dado el abandono de las autoridades. La nota la documenté con un recorrido por ese sector, acompañada de fotos de las tomas de agua abandonadas y la confirmación del pobre número de las mismas.”

“El alcalde se disgustó a tal grado que me sometió a juicio en su casa, estando presentes el comandante de bomberos, el subcomandante de esa corporación, alegando que se trataba de un infundio y que de inmediato reportaría el mismo al director del periódico, pidiendo un castigo en mi contra. ‘Hágalo, le dije desafiante, nada más le aclaro que él mismo ordenó la publicación a ocho columnas.’ A partir de ese entonces se rompieron lanzas de la endeble amistad que se supone existía con dicho funcionario, pues hasta mentadas de madre salieron de su boca, dirigidas a El Siglo de Torreón.”

“Al comunicarle lo anterior a nuestro director, con toda la tranquilidad del mundo me dijo: ¿Sabes cuantas personas trabajamos en El Siglo de Torreón? Bueno, pues divide entre todos el insulto y verás de a cuanto nos toca a cada uno.”

Reiteró el compañero Higinio Esparza que don Antonio de Juambelz era tan austero con los políticos, pues no les hacía el juego gratis. “Tenían que pagar si querían publicidad, y la tarifa política era la más elevada. Incluso prohibió poner en cada texto el nombre del gobernador en turno, para no hacerle propaganda, pero el que la llevaba era el jefe de información, revisando cada nota para evitar violaciones a la norma. Sin embargo, la orden duró sólo unas tres semanas, pues era una falta incurrir en ese tipo de omisiones.”

¿De qué no te acuerdas, Higinio? Dije finalmente, reconociendo que en anécdotas y recuerdos vividos en El Siglo de Torreón, aún tiene para rato.

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