No podemos negar que existen conflictos, guerras, destrucciones masivas, no hechas por la naturaleza, sino producidas por el propio hombre, que ocasionan violencia, terror y muerte, en un mundo confundido que no sabe a dónde ir, sobre todo en personas vacías de espíritu, que no tienen fe, ni esperanza, ni creen en Dios como Ser Supremo, que no tienen intención de alimentar el alma, su dios, es el dinero, lo material, lo ostentos, ahora muchos, enfocan su vida en la inteligencia artificial como la obra maestra.
Dijo Jesús de Nazaret a sus discípulos: -lo que contamina al hombre no es lo que entra a la boca, sino lo que sale de ella-, es la palabra que salen del corazón, los malos pensamientos llevados a la acción.
Cultivar buenos pensamientos, lleva a tener buenos sentimientos y a actuar de manera correcta, eso forma a una buena persona.
La actitud con que se enfrenta la vida, es la forma de ser, de pensar, de actuar, de sentir el día a día. Los abuelos solían decir –cada cabeza es un mundo-, sabiduría popular que encierra una gran verdad, si quieres que el mundo cambie, cambia tú.
Es cierto, la familia, los amigos, la sociedad, la cultura, el país, influye en el desarrollo del individuo, pero hay un factor más importante que todo eso, es la respuesta personal que cada quien da a sus circunstancias, el cómo responder en determinada situación: si se toma con paciencia y serenidad o se actúa con violencia o venganza.
La ética y la moral, son la brújula que conduce a la persona a diferenciar lo correcto de lo incorrecto. Los valores humanos son el alimento que llevar a convivir de manera justa y armoniosa.
Cultivar los valores y ponerlos en práctica construyen un mejor lugar, donde conviven la bondad, el amor, la honestidad, la paciencia, empatía, gratitud, perdón, humildad, responsabilidad y la solidaridad, donde hombres y mujeres sin importar condición social, puedan dar, recibir, confiar y convivir en un mundo más justo y solidario.














































