La sociedad y la cultura se basan en límites: este tipo de conducta es aceptable, este otro no. Los límites son variables y cambian con el tiempo, pero siempre los hay. La alternativa es la anarquía, el desorden de la naturaleza, al que tememos. Pero somos animales extraños: en cuanto se impone cualquier tipo de límite, físico o psicológico, sentimos curiosidad. Una parte de nosotr@s quiere rebasarlo, explorarlo prohibido.
Si de niñ@s se nos dice que no pasemos de cierto límite del bosque, ahí es precisamente adonde vamos. Pero al crecer, y volvernos civilizad@s y respetuos@s, un creciente número de fronteras obstruyen nuestra vida. No confundas urbanidad con felicidad, aquella encubre frustración, una concesión no deseada. ¿Cómo podemos explorar el lado sombrío de nuestra personalidad sin incurrir en castigos u ostracismo? Ese lado se filtra en nuestros sueños. A veces despertamos con una sensación de culpa por los asesinatos, incestos, adulterios y caos que ocurren en nuestros sueños, hasta que nos percatamos de que nadie tiene que saberlo salvo nosotr@s. Pero dale a una persona la sensación de que contigo tendrá la oportunidad de explorar los más remotos linderos de la conducta aceptable y civilizada, de que tú puedes dar salida a parte de su personalidad enclaustrada, y generarás los ingredientes necesarios para una seducción profunda e intensa.
Tendrás que ir más allá de solo incitar a una persona con una fantasía elusiva. El impacto y el poder seductor procederán de la realidad que le ofrezcas. Como Byron, en cierto momento puedes incluso llevarla más lejos de donde quiere ir. Si te ha seguido por pura curiosidad, podría sentir cierto temor y vacilación; pero una vez atrapada, le será difícil resistirse, porque es difícil retornar a un límite una vez transgredido y traspasado. El ser humano clama por más, y no sabe cuándo parar. Tú determinarás por la otra persona cuándo es momento de parar.
En cuanto la gente siente que algo es prohibido, una parte de ella lo querrá. Esto es lo que convierte a hombres y mujeres casados en un objetivo tan deseable: entre más prohibido es alguien, mayor el deseo. George Villiers, el conde de Buckingham, fue el favorito del rey Jacobo I, y luego del hijo de este, el rey Carlos I. Nada se le negaba. En 1625, en una visita a Francia, conoció a la hermosa reina Ana, y se
enamoró irremediablemente de ella. ¿Qué podía ser menos posible, estar más fuera de su alcance, que la reina de una potencia rival? Él habría podido tener a casi cualquier otra mujer, pero la naturaleza prohibida de la reina le apasionó por completo, hasta ponerse en vergüenza, y a su país, intentando besarla en público.
Puesto que lo prohibido es deseado, de algún modo debes parecer prohibid@. La manera más ostensible de hacer esto es adoptar una conducta que te dé un aura oscura y prohibida. En teoría, eres alguien a quien se debe evitar; de hecho, eres demasiado seductor@ para que se te resistan. Este fue el encanto del actor Errol Flynn, quien, como Byron, se descubría a menudo siendo el perseguido, no el perseguidor. Flynn era muy guapo, pero tenía algo más: una inocultable vena delictiva. En su desenfrenada juventud había participado en toda clase de actividades turbias. En la década de 1950 se le acusó de violación, una mancha permanente en su fama pese a que fue absuelto; pero su popularidad entre las mujeres no hizo sino aumentar. Exagera tu lado oscuro y tendrás un efecto semejante. Desde el punto de vista de tus blancos, relacionarse contigo significa ir más allá de sus límites, hacer algo atrevido e inaceptable para la sociedad, para sus iguales. Para muchos, esta es una razón para morder el anzuelo.
En la novela Arenas movedizas, de Junichiro Tanizaki, publicada en1928, Sonoko Kakiuchi, esposa de un abogado respetable, está aburrida y decide tomar clases de pintura para pasar el tiempo. Ahí le fascina una compañera, la hermosa Mitsuko, quien se hace su amiga y después la seduce. Kakiuchi se ve obligada a decir incontables mentiras a su esposo sobre su relación con Mitsuko y sus citas frecuentes. Mitsuko la envuelve poco a poco en toda índole de actividades atroces, entre ellas un triángulo amoroso con un joven excéntrico. Cada vez que Kakiuchi es forzada a explorar un placer prohibido, Mitsukola reta a llegar más lejos. Kakiuchi titubea, siente remordimientos; sabe que está en las garras de una diabólica joven seductora que se ha aprovechado de su aburrimiento para pervertirla. Pero, en definitiva, no puede evitar seguir a Mitsuko; cada acto transgresor la hace querer más. Una vez que tus objetivos son atraídos por el señuelo delo prohibido, rétalos a igualarte en conducta transgresora. Todo tipo de desafío es seductor. Avanza despacio, y no acentúes el reto hasta que tus blancos den señales de rendirse a ti. Tan pronto como estén bajo tu hechizo, quizá ni se den cuenta de la aventura extrema a la que los has conducido.
El duque de Richelieu, el gran libertino del siglo XVIII, tenía predilección por las jóvenes, y con frecuencia agudizaba la seducción envolviéndolas en una conducta transgresora, a lo que la gente joven esa la casa de la muchacha y de atraerla a su cama; los padres estaban apenas poco más allá del pasillo, lo que añadía el sazón apropiado. A veces actuaba como si estuvieran a punto de ser descubiertos, y el susto momentáneo afilaba el estremecimiento implícito. En todos los casos, intentaba volver a la joven contra sus padres, ridiculizando su celo religioso, gazmoñería o conducta piadosa. La estrategia del duque consistía en atacar los valores que sus objetivos más apreciaban, justo los valores que representan un límite. En una persona joven, los lazos familiares, los lazos religiosos y demás son útiles para el@ seductor@;l@s jóvenes apenas si necesitan una razón para rebelarse contra ellos.
Aunque esta estrategia puede aplicarse a una persona de cualquier edad: para todo valor altamente estimado hay un lado sombrío, una duda, un deseo de explorar lo que ese valor prohíbe.
En la Italia del Renacimiento, una prostituta se vestía como dama e iba a la iglesia. Nada era más excitante para un hombre que intercambiar miradas con una mujer a la que sabía ramera, mientras él estaba rodeado por su esposa, familiares, amigos y curas. Cada religión o sistema de valores engendra un lado oscuro, el reino sombrío de todo lo que prohíbe. Induce a tus objetivos, hazlos coquetear con todo lo que transgrede sus valores familiares, con frecuencia emotivos pero superficiales, ya que se les impone desde fuera.
A uno de los hombres más seductores del siglo XX, Rodolfo Valentino, se le conocía como la Amenaza Sexual. Su encanto para las mujeres era doble: podía ser tierno y considerado, pero también sugería crueldad. En cualquier momento podía ponerse peligrosamente rudo, quizá un tanto violento. Los estudios exageraban cuanto podían esta doble imagen: cuando se sabía que él había maltratado a su esposa, por ejemplo, explotaban el caso. Una mezcla de masculinidad y feminidad, violencia y ternura, siempre parecerá transgresora y atractiva. Se supone que el amor debe ser tierno y delicado, pero de hecho puede liberar emociones violentas y destructivas; y la posible violencia del amor, la forma en que atrofia nuestra racionalidad normal, es justo lo que nos atrae. Aborda el lado violento del romance mezclando una vena cruel con tus tiernas atenciones, en particular en las etapas avanzadas de la seducción, cuando ya tienes al objetivo en tus garras. La cortesana Lola Montez era famosa por recurrir a la violencia, usando de vez en cuando un látigo, y Lou Andreas-Salomé podía ser excepcionalmente cruel con sus hombres, practicando coqueterías, poniéndose alternadamente glacial y exigente. Su crueldad solo hacía que sus blancos regresaran por más. Una relación masoquista representa una gran liberación transgresora.
Entre más ilícita te parezca tu seducción, más poderoso será su efecto. Da a tu objetivo la sensación de que comete una especie de delito, un acto cuya culpa comparte contigo. Crea situaciones públicas en las que ambos sepan algo que l@s demás ignoran. Podrían ser frases y miradas que solo ustedes reconozcan, un secreto.
Para Lady Frances el encanto seductor de Byron se relacionaba con la cercanía de su esposo; en compañía de este, por ejemplo, ella hacía esconder en su pecho una carta de amor de Lord Byron. Johannes, el protagonista del Diario de un seductor de Søren Kierkegaard, enviaba un mensaje a su blanco, la joven Cordelia, en medio de una cena a la que ambos asistían; ella no podía revelar a los demás invitados que era de él, porque entonces tendría que dar una explicación. Él también podía decir en público algo que tuviera especial significado para ella, ya que se refería a algo en una de sus cartas. Todo esto añadía sabor a su romance, pues confería una sensaciónde secreto compartido, y aun de algo vergonzoso. Es crítico explotar tensiones como estas en público, para crear una sensación de complicidad y colusión contra el mundo.
En la leyenda de Tristán e Isolda, estos famosos amantes alcanzan las alturas de la dicha y la exaltación justo a causa de los tabúes que rompen. Isolda está comprometida con el rey Marcos; pronto será una mujer casada. Tristán es leal súbdito y guerrero al servicio del rey Marcos, de la edad de su padre. Todo el asunto deja una sensación de robo de la esposa al padre. Puesto que condensa el concepto de amor del mundo occidental, esta leyenda ha ejercido enorme influencia a lo largo de los siglos, y una parte crucial de ella es la idea de que sin obstáculos, sin una sensación de transgresión, el amor es débil e insípido.
Hay gente que se empeña en quitar restricciones a su conducta privada, para hacer todo más libre, en el mundo actual, pero esto solo vuelve más difícil y menos excitante la seducción. Haz todo lo que puedas por reimplantar una sensación de transgresión y delito, así sea solo psicológica e ilusoria. Debe haber obstáculos por vencer, normas sociales por desobedecer, leyes por violar, para que la seducción pueda consumarse. Podría parecer que una sociedad permisiva impone pocos límites; busca algunos. Siempre habrá límites, vacas sagradas, normas de conducta: materia inagotable para fomentar las transgresiones y la violación de tabúes.














































