Artificio

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El estruendo de tu recuerdo hace sangrar a mis oídos, envenena mis labios cada que pronuncio tu nombre y mientras suena la canción de nuestra historia, siento a través de mis latidos cómo se me marchita el corazón.

Salgo huyendo sin percatarme que a dónde quiera que vaya, continuas detrás de mí. Me acechas cada noche y el roce de tus manos sobre mi rostro aún me estremece como el alma inocente que algún fui. Justo detrás de la máscara que llevo a diario, bastan un par de gotas de licor para calmar el ardor de las emociones que siguen adheridas en mi piel, y me pregunto por milésima ocasión si tal vez algún día volveré a sentir lo mismo, pero de costumbre me respondo que, tal vez no debería.

Caminar después de haber soltado lo más idolatrado, sobre una banqueta tan solitaria, se hace pesado conforme transcurren los segundos. La lluvia me estremece, me ahogo en medio de la nostalgia y me es casi imposible no añorar tu torso de la salvación, imaginar lo bello que ya fue y no será. A pesar de mis pasos firmes, me tiemblan las rodillas y la ráfaga de viento sobre mi rostro se siente como un golpe de realidad brutal.

Tal como baja la temperatura de mi cuerpo, se me congela el sentimiento. Sigo avanzando, con la boca sellada, intentado extraviar en algún lugar de la vereda el secreto de mi fragilidad. Ése delirio interminable que eres tú.

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