Difuminación

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A veces aún pienso en la muerte,

pasa por mi mente rápido como

un flash: mi mano cubierta de píldoras

que van hacia mi boca,

llenándola de una droga mortal.

Escucho las sirenas de la ambulancia,

observo las luces blancas en el cuarto

del hospital que lastiman mi vista,

y un par de doctores me rodean

en el intento fallido de reanimarme.

Mi corazón finalmente se detiene,

la línea recta en el monitor

alardea mi triunfo,

los sollozos liberados de cada

ser querido desata

una caída profunda que

me desliza a la ruina.

Llana obscuridad sin salida,

un reloj de arena que se detiene…

Para siempre.

Pero luego regreso a la realidad,

y no me queda más que afrontar

ése sentimiento envolvente que

me droga y me atrapa a diario.

La medicina no funciona

de la manera en que

los doctores dicen,

no existe una manera

de frenar la velocidad dentro

de una estructura prematura

con un daño permanente.

A veces, Dios no tiene piedad.

Así que te toca morir de

manera figurada cada día,

continuar el acto principal

de una obra ficticia.

Siendo tú, contra ti mismo

cada segundo en tortura

y dulce agonía.

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