Baja un ratito del cielo
a acariciar mi cabello,
a entrelazar tus manos
sobre las mías,
y así ofrecerme
la calidez del descanso
a través de un suspiro.
Desciende y escabúllete
en mis sábanas,
para abrazarme más allá
del alma,
y si quieres quédate también
durante toda la mañana.
Escápate y acompáñame
a disfrutar de un buen café,
mientras siembras en mí
tu eterna sabiduría,
yo deleitaré tu voz
y admiraré sin cansarme
la belleza de tu ser.
Visítame, mírame,
háblame y apapáchame…
Pues la vida ha sido dura
y yo de ratos
una niña indefensa
que por puntos ciegos
ha olvidado la armadura
de tu amor.
Fúgate un poco o un mucho
de ése tu cielo,
y comparte conmigo
al menos por un instante,
una pizca del paraíso
al volver a tenerte conmigo.














































