Amarlo era el sentimiento más fuerte que no creía existente

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Él era tan grande en muchos aspectos y yo un ser que sólo pretendía serlo, tan insignificante a su costado.

Él era negro y yo era blanco, a pesar de que me fascinaba la fusión de ambos tonos a veces me perdía en la oscuridad de su perversión. Porque él había conocido tantas cosas en su paso por la vida, mientras yo me había refugiado en un mundo cuadrado y permanecía en ideas estrictas y ambiguas, entre 4 paredes que nunca tuve el valor de traspasar.

Quizá amarlo era un acto de rebelión, que al final también me arrebató la libertad.

Su piel quemaba y dejaba huellas imborrables, sus besos iban directo como una daga al corazón y dolía… Recuerdo que amarlo iba fragmentando mi alma.

Y ahora que mis sueños no son más que fracturas expuestas y mis músculos se contraen múltiples veces por segundo, no sé cómo redactar el proceso en donde te quedas sin respiración mientras la realidad te cae como un balde de agua helada, y el cuerpo se congela sobre una línea indeterminada de tiempo y mentiras.

No puedo escribir con exactitud el crujido del corazón, mucho menos explicar la sangre regada en el piso del cuarto de baño, tras infligir las heridas que el pictograma dibujado en mi cráneo por años me exigía con mandato.

Sólo sé que de pronto, en un abrir y cerrar de ojos pasé de ser blanco a ser negro, me mudé a su oscuridad y finalmente… me suicidé entre sus brazos.

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