La vida da tantas vueltas, a lo largo de ellas me he mareado y tomado decisiones erróneas. Creía que con el tiempo sería menos vulnerable hacia ellas, pero en eso también me equivoqué.
Cada elección requiere un análisis, un análisis complejo para obtener un resultado eficaz. Pero, aun así, examinando cada detalle, el éxito no es garantía. Los tropiezos son parte fundamental de la vida misma, donde aprendes a levantarte, te limpias las rodillas y pones la cabeza en alto. Sigues el camino justo frente a ti sin titubear porque a veces no hay tiempo para dudar.
Tras kilómetros de aguas turbulentas llega trepar cuesta arriba, con el cansancio sobre cada extremidad de tu cuerpo, cada segundo cuenta, cuando crees retroceder bebes un sorbo de agua y sin mirar atrás continúas avanzando. No hay lágrimas que valgan la pena para desistir, ni fatiga suficiente para dejarte vencer. Rogando a los cielos no haberte equivocado de montaña al llegar a la cima, poder obtener por fin la vista que tanto añoras y descansar un poco, o mejor aún, un mucho.
Respirar el aire fresco, admirar el paisaje y sonreír por haber acertado. Por haber conseguido tu objetivo y creer luego de tanto, que eres merecedor de un ¨final feliz¨.














































