Ciudad de México a 29 de marzo de 2026. – En el inicio de la Semana Santa, este dolor que brota desde Tierra Santa resuena también en el corazón de la Iglesia en México. Lo que ocurre en Jerusalén no nos es ajeno: nos recuerda que la fe, la dignidad humana y la libertad religiosa deben ser siempre protegidas y promovidas.
Hoy más que nunca, estamos llamados a ser testigos de paz en medio de nuestras propias realidades. Que este acontecimiento nos mueva a pedir a Dios con mayor intensidad, a construir puentes donde hay división y a vivir con autenticidad el Evangelio del amor.
Que esta Semana Santa no pase de largo: hagamos de ella un verdadero camino de conversión, reconciliación y esperanza.














































