“Yo mismo al decir que todo cambia, ya he cambiado” (José Enrique Rodó)
La tradición del “Día de los Muertos” no han cambiado, pero lo que sucede en el centro y sur de México, acá en el norte del país, la celebración tiene connotaciones diferentes.
Velar a los muertos desde la víspera de ese rito no se practica o no se ha sabido que se hiciera en Torreón, o tal vez sí lo hicieron en cementerios de apartadas comunidades rurales en la primera mitad del siglo pasado, sin negar que es una sentida costumbre hecha con devoción iniciarla desde la noche del 1 de noviembre, Día de Todos los Santos.
Porque lo hacían para recordar primeramente a los niños que habían fallecido y al día siguiente (2 de noviembre) a los Fieles Difuntos, esto es a los adultos que se nos habían adelantado en esta vida, tal como lo siguen haciendo en comunidades de pueblos originarios del centro y sur de México.
Por acá las costumbres son diferentes, pues se concreta a una visita a las sepulturas de sus deudos, para asear las lápidas, rezar el rosario y hasta llevar comida y compartirla, sin embargo cada vez son menos las personas que ocurren a los cementerios.
Yo mismo he dejado de hacerlo, sin embargo hace poco fui a visitar la tumba donde se encuentran los despojos de mis abuelos maternos, donde no solo encontré la tumba abandonada a su suerte, y en muy mal estado las que están en su entorno.
Por otra parte, el lugar donde se colocaron los restos de los abuelos paternos y otros familiares, que año con año era visitado por mis parientes, ni siquiera pude dar con la tumba, tal vez porque en ese entorno existen nuevas sepulturas y se confunde la lápida con otras nuevas.
La saturación de los panteones más viejos, con tumbas olvidadas por sus deudos, propicia se abran nuevas fosas en donde antes era solamente un camino o corredor; que se apropien de adornos de lápidas y hasta de lotes donde ya sólo quedaban vestigios de una tumba abandonada.
Existe también la profanación de tumbas, como la ocurrida hace algunos años en el mausoleo de una famosa familia, cuyas ruinas aún existen en “San Antonio del Coyote”, Coah., sin que se diera con los sacrílegos.
Pero también existen personas honradas que cuidan los panteones, como lo constaté el día que fui a visitar la lápida de mis abuelos en el Panteón Torreón, quienes están al pendiente de vigilar quiénes entran y salen del cementerio.
Al publicarse esta colaboración, está por conmemorarse el “Día de los Muertos” y seguramente habrá personas que aún conservan la costumbre de sus ascendientes: visitar la tumba de sus familiares más próximos que ya fueron llamados por el Creador Universo.
Sin embargo, llevar flores en esta ocasión será un lujo, pues de seguro el producto será más caro, pues los productores de la región se vieron afectados por los fuertes vientos y la tormenta de hace dos o tres semanas, sufriendo la pérdidas de alrededor de un 40 % del producto que esperaban para esta temporada.
Todos los años vienen camiones cargados con flores cultivadas en varios estados del sur del país, pero de seguro traerán precios más altos que los del año pasado.
Finalmente comentaremos brevemente otra vieja costumbre que aún pervive en la región: la creación de los “Altares de Muertos”, cuya tradición todavía existe en la mayoría de las instituciones educativas, en algunos hogares e incluso en algunas empresas y negocios diversos.
La confección de esos altares implica un diseño tradicional y que en el mismo se incluya la fotografía del difunto que se recuerda, un arco de flores de cempasúchil, velas, agua, sal, incienso, pan de muerto, comida y bebida, así como objetos personales del evocado en esa ocasión.
En las escuelas se tiene prevista esa actividad a realizarse cada año, antes de que concluya octubre, luciéndose en cada caso como si se tratara de una competencia académica.
¡Hasta la próxima!













































