Una luz salpicada de melodía les construyó alas y ahora vuelan a lugar insospechados

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REPORTAJE

Por Irma Bolívar Ayala

Nunca imaginaron el rumbo que tomaría su vida por el mero hecho de asistir a aquel pequeño salón de su comunidad. Unos llegaron porque la madre los obligó, otros porque sus amigos también lo harían y otros más arrastrados por mera curiosidad se anotaron para tomar clases de solfeo. En su pequeña cabecita no transitaba el deseo de tocar un instrumento musical, mucho menos hacer de la música su pasión y algún día convertirse en músicos de una Orquesta Filarmónica.

Se construyen alas para emprender el vuelo a un mundo jamás imaginado con la visión de un universo con miles de posibilidades, para tener un crecimiento y desarrollo integral: espíritu, mente y cuerpo. El arte, el deporte, la educación y la cultura los ha insertado a una vida que no hubieran podido acceder, por falta de recursos económicos, ni coincidir en este mundo con personas de otras comunidades alejadas a la suya de no haber sido por la música.

La música es la llave que abre cualquier puerta, me ha convertido en una mejor persona, cuenta Luis Cháirez… Es un mundo de posibilidades jamás imaginado, narra Ariadne Muñoz… Sin ella no sé qué sería de mi vida en estos momentos, es lo mejor que me ha pasado, platica René Esquivel.

Estas son solo algunas de las 690 historias de vida que se han transformado a lo largo de casi 13 años que lleva el proyecto social-musical de Desarrollo Integral del Menor –Dime- A.C.

En 2010 una pequeña luz salpica de melodía llegó por primera vez al Ejido Allende. La Asociación Civil dirigida por Ana Rendón, desde 2004 ya daba asistencia social a personas vulnerables, madres y niños marcados por la violencia intrafamiliar, otras con pobreza alimentaria, unas más con marginación educativa y de salud, la labor se hacía en distintas comunidades rurales, pero fue hasta la llegada de Miguel Ángel García que se integró la música como ingrediente transformador para niños y niñas de bajos recursos económicos.

La semilla musical brotó en aquella pequeña comunidad ubicada al norte de la ciudad, entre los terrenos del Aeropuerto Internacional de Torreón y el Periférico Raúl López Sánchez, ahí en el ejido Allende, ayudados por el párroco se convocó a las madres de familia para que llevaran a sus pequeños de 6 años en adelante a tomar clases de solfeo, para formar coros, pero el canto no fue lo suyo.

Ana y Miguel Ángel ajustaron las velas para corregir el rumbo hacia el aprendizaje para tocar instrumentos. Empezaron con la donación de 7 violines y 30 niños con clases sábados y domingos en un salón de la iglesia, después ya tenían 30 violines, a base de ensayo y error, con mucha paciencia y tenacidad se empezaron a formar pequeños ensambles musicales y de ahí caminaron a otros ejidos entre los que se encuentran La Paz, La Unión, La Partida, San Luis, San Agustín y varias colonias de Torreón, la invitación ya no era por boca del párroco, eran los propios niños que iban a tocar a las plazas pública, era la forma de decirles, -ven, acércate, tú puedes hacer esto-.

Cada cabeza tiene una historia que contar. Cada uno con nombre, apellidos, diversas edades y de procedencia distinta, pero tienen algo en común que los identifica y los une, es el amor a la música, esa música que a muchos de ellos, les ha borrado los miedos, inseguridades, los apartó de la violencia y les devolvió la sonrisa y las ganas de vivir en ese nuevo universo que les ofrece un sinfín de posibilidades.

René Esquivel González cuenta que tenía 8 años cuando llegó junto con su hermano Pedro a tomar clases de solfeo en el salón de la iglesia del ejido San Agustín donde es originario, lleva 9 años de formación en Dime, es parte de la Orquesta y ahora ya imparte clases en La Unión a los niños que van llegando.

“No sé qué sería de mi vida si no estuviera aquí, la música forma parte de mí, aquí tengo buenos amigos, todos nos ayudamos para ser mejores, yo toco la trompeta y mi hermano toca el saxofón”, comenta René quien tiene 17 años de edad, estudia la preparatoria en el Cetis 83, su deseo es entrar este año al Tecnológico de La Laguna a estudiar Mecatrónica.

Tocar con destreza el violín o cualquier otro instrumento musical requiere desarrollar habilidades a través de ensayo y error, con dedicación, sacrificio y mucho amor al arte.

La Orquesta Filarmónica Dime ya cuenta con más de 300 instrumentos musicales, violas, violines, flautas, cellos, trompetas, corno francés, piano, saxofones, timbales, aboes y percusiones lo que a lo largo de 13 años ha convertido a cientos de infantes y jóvenes en pequeños-grandes músicos.

“Al inicio lo que producía el violín eran horribles chillidos, pero poco a poco, con mucha paciencia y dedicación se fueron formando pequeños ensambles musicales, luego de varios años se creó la orquesta”, narra el director musical Miguel Ángel García.

Gracias a la generosidad de mucha gente que se ha sumado a la causa con donaciones económicas o en especie (instrumentos musicales) se ha podido transformar la historia de vida de muchos niños, niñas y jóvenes laguneros, más los que faltan por llegar.

“La asociación sólo atendía a menores de edad, se nos olvidó que crecerían, ahora que son jóvenes no los podemos abandonar. Aquí hay mucho talento en lo deportivo, intelectual y musical, incluso unos ya son maestros de nuestras propias escuelas y también dan clases particulares, lo que ya les da un ingreso para vivir”, comenta orgulloso el Director Musical de la Orquesta Filarmónica Dime, A.C.

Este proyecto social se sostiene bajo el soporte de 4 pilares: dirigentes, maestros, madres de familia y alumnos. Las madres participan como promotoras en distintas comunidades, les hablan del proyecto a otras madres para que lleven a sus hijos a formar parte de este noble proyecto.

El proceso de desarrollo para estos niños y jóvenes “es una experiencia espiritual, fuera de lo religioso, que genera unidad en todos los sentidos, los incorpora a la sociedad y los incorpora a sí mismos”, detalla el maestro.

También se consiguen becas de estudio de preparatoria y universidad en la Pereyra y la Ibero, instituciones que sus padres no podrían costear, pero gracias a la fortuna de pertenecer a este proyecto musical, muchos ya son egresado de esas escuelas.

Luis Gerardo Cháirez Galindo se integró al proyecto musical a los 15 años de edad, concibe la música como “la llave que abre todas las puertas”. Se enteró por un anuncio que le entregó su madre, decía que se impartían clases de música en la iglesia del ejido San Luis, donde vive.

Su interés era tomar clases de guitarra, instrumento que le habían comprado sus padres con mucho sacrificio. “me dijo que yo tenía que realizar actividades para pagar las clases. Yo solo fui a pedir informes y el maestro me dijo –pásale-, pero no traigo pluma ni cuaderno -le dije-, pásale aquí te prestamos, -ya debo una clase -pensé-. Al término le pregunté, oiga profe, pero ¿cuánto cuestan las clases? -No, no cuestan, son gratis, sólo tu échale muchas ganas -me aconsejó-”, narra agradecido y con suave voz Luis, quien lleva 9 años en Dime, ya es primer violín de la Orquesta, también imparte clases de música en su comunidad a los niños que se van integrando al proyecto social.

Otra de las puertas que abrió la llave de la música fue el CERESO de Torreón, ir a tocar a ese lugar fue una experiencia que le cambió la vida a Luis Gerardo, desechó estereotipos, le cambió la perspectiva de lo que había a dentro.

“Tenía 3 años aquí, era el más grande del grupo con 18 años y llevaba conmigo a compañeros más pequeñitos, estaba muy nervios y preocupado. No había protección entre los reos y los niños. Veía a los hombres tatuados, otros rapados, era muy impactantes verlos y hasta perecía que decían -y estos qué hacen aquí-, pero una vez que empezamos a tocar, sus rostros cambiaron, el ceño y sus facciones se suavizaron, nos escucharon con atención. Al final, se acercaron y nos preguntaron si era difícil tocar el violín, se los dimos y empezaron a tocarlo, luego nos compartieron agua y comida, todos muy serviciales, muy limpios y muy disciplinados. Cambió mi perspectiva de lo que había a dentro, tenía en mi mente estereotipos que se muestran en las películas, de gente malvada, pero no es así, son gente normal como cualquier otra persona”, comenta conmovido el joven músico.

A Luis Cháirez, también se le abrió la puerta de la Universidad Iberoamericana donde fue becado y se graduó de Mercadotecnia, pero no ha dejado Dime, sigue impartiendo clases a los más pequeños, como una forma de retribuir todo lo que ha recibido en este lugar, ya es solista en la Filarmónica.

Otra de las vidas transformadas es la de Ariadne Ximena Muñoz Medrano, la música le mostró un mundo completamente distinto, amplió su panorama y su perspectiva de vida, llegó a la edad de 11 años, en este momento tiene 17, también fue becada en la Pereyra y actualmente estudia el segundo semestre de la carrera de Psicología.

Ella vive en la colonia Nueva California, cuenta que por boca de su abuelita se enteró de las clases, empezó a los 11 años cuando estaba en sexto de primaria, llegó con todos sus hermanos y primos, pero ella fue la única de la familia que perseveró, aunque hace poco volvió a traer a una de sus primas que ya había estado, las dos estudian psicología. Está convencida que utilizará la música como terapia cuando sea profesional de Psicología.

“La música da mucho sentido a mi vida, mucha seguridad, mucha personalidad. Siempre he dicho, mucho de lo que soy se lo debo a la música, por la música he descubierto otro mundo. Si no estuviera aquí no me hubiera interesado tomar cursos de Filosofía, ni de Historia del Arte, ni conocido al maestro Alanís, primer violín de la camerata y a otros músicos de La Camerata de Coahuila que han sido nuestros maestros que nos han compartido muchos tips para mejorar. Ni tampoco hubiera conocido a muchos compañeros y compañeras de distintas edades y de diferentes extractos sociales. Estoy segura que si no fuera por Dime nunca hubiéramos coincidido ni hablado. Ni tampoco hubiera conocido al profe Jesús Anaya entrenador de natación en Laguna Seca, a otros compañeros y a mí nos metió al Equipo de Natación y fuimos a varias competencias”, recuerda emocionada.

Dime fue el parteaguas para Ari Muñoz, donde ha descubierto poco a poco todas las cosas maravillosas que tiene la vida para ella, “Dime es la música, y si por alguna extraña razón yo llego a salirme de aquí, la música no se va de mi vida. Yo sé que nunca voy a estar sola, “Chaiko”, es parte de mí, así se llama mi violín, porque mi compositor favorito es Chaikovski”, revela con una amplia sonrisa que ilumina su rostro.

Según el nivel de aprendizaje de cada alumno, va formado parte de los Ensambles: Atenea, Apolo, Poseidón y Zeus para llegar hasta el máximo nivel que es la Orquesta Filarmónica y convertirse en solistas.

En estos momentos son más de 300 músicos activos, además de los pequeños que empiezan adentrarse a este universo musical, ayudado por 12 maestros, algunos músicos de La Camerata de Coahuila y otros que ya forman parte de la Orquesta Filarmónica Dime.

En Dime A.C. no sólo se despierta la pasión por la música, en el proceso les ayuda a construir sus propias alas para volar alto, hasta los límites de su imaginación y deseos. Ahora para estos jóvenes ya todo es posible con enfoque, tenacidad, disciplina y mucho amor en lo que se hace.

Los muchachos han pisado los grandes escenarios de Torreón: Teatro Isauro Martínez, Teatro Nazas y Alfonso Garibay, pero también han llevado su talento musical a otras ciudades como Saltillo, Guadalajara y Zacatecas.

Muchas historias por construir y muchas por contar se aguardan en esos pequeños salones de las distintas comunidades rurales y urbanas de Torreón como la de Ricardo Cháirez, Brisa Ordaz, Gilberto Rubio, Diego Anguiano, Martín Medellín, Daniela Arroyo, Jaime Luna, Brandon Zaldivar, Dulce Arroyo, Dafne Hernández, Sophia Acosta, Ingrid Martínez, Zelda Aranda, Pedro Ezquivel, Vielka Flores, Ámbar Almaraz, Andrea Meza, Ángela Juárez, Arturo Carrillo, Sahir Sosa y Aldo Álvarez entre muchos más…

Ari Ximena Muñoz: la música es un mundo de posibilidades jamás imaginado
Luis Gerardo Cháirez: es la llave que abre todas las puertas
René Esquivel: sin la música no se qué sería de mi vida en estos momentos.
Miguel Ángel García, director musical. Dime es una experiencia espiritual que genera unidad en todos los sentidos, los incorpora a la sociedad y los incorpora a sí mismos

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