Irma Bolívar Ayala
Una experiencia gastronómica sensorial, donde todos los sentidos, excepto la vista, se agudizaron en esta aventura de olores, sabores, texturas y sonidos quienes se atrevieron a asistir a la Cena en la Oscuridad 2022, que la asociación civil Ver Contigo organizó en la explanada del Teleférico.
Teníamos una vaga idea de lo que viviríamos, una cena a ciegas, donde la visión desparecería por unas horas para experimentar por un momento, lo que para miles de personas es su diario vivir.
El olfato, tacto, oído y gusto, fueron los sentidos que la concurrencia utilizó para ir viendo poco a poco lo que sucedía a su alrededor.
Primero la llegada por el Teleférico, luego aceptar el brindis de bienvenida que los jóvenes anfitriones, capitoneados por Cecilia Cardiel, presidenta de Ver Contigo, tenían preparados en el primer descanso de la escalinata, después de eso, literal, fue una cena a ciegas.
En el último tramo de la escalera que lleva a la explanada del Teleférico, en Puerto Noas, desde ahí nos colocamos un antifaz que dieron al llegar. La noche se oscureció por completo, por medio del guía de invidente, en fila india y con la mano izquierda puesta en el hombro, seguimos paso a paso hasta llegar a la mesa.
A la mesa llegó Mario, un joven que dijo sería nuestro asistente, nos dio el norte
de los cubiertos, copas y demás utensilios para la cena, lo que con el tacto poco a poco fuimos identificando, para dar paso al primer platillo, una entrada que nadie logró identificar con certeza, unos decían que el relleno, de lo que creíamos era una empanada, un suflé, un pizza, un taco, eran rajas poblanas, otros solo atinaban a decir que estaba delicioso, lo que al final supimos que era un chimichanga rellena de Flor de Jamaica con pico de gallo, una delicia culinaria.
Llegó el platillo principal, se escuchó una voz masculina decir, esto es cordero, espárragos y puré de papa… otro que era cerdo con un toque dulce… uno más que era res con salsa en vino tinto… lo cierto es que era res con especias finas, ejotes al grill y puré de papa con un matiz dulce, lo que le daba un sabor suculento.
El postre, fue lo más divertido, porque el de al lado decía que era pastel de chocolate, mientras otro que era pay de nuez, uno más que era un mostachón de fresa, otra persona, que era pastel de plátano con zanahoria. Cada uno tenía un postre diferente.
Las copas fueron de vino rosado y merlot, según el gusto y paladar de los comensales, bastaba con levantar la mano para que se rellenaran las copas.
Mientras todo esto sucedía, el ambiente amenizado por una gaita, sensibilizó los sentidos, lo que permitió dar gracias por el don de la vista.
Las peripecias en la mesa. Mi acompañante se tomó el agua de la mujer sentada frente a él, otro se tomó la copa de la vecina, yo derramé el agua al querer tomar la copa de vino y otros tomaron el cubierto equivocado, esto similar se vivió en cada una de las 10 mesas colocadas en las alturas del cerro. La cena gourmet, fue diseñada por el chef Luis Téllez.
Un reconocimiento especial a Cecilia Cardiel, quien desde hace 20 años le ha dado significado a su vida, ayudando a personas invidentes en el proceso de adaptación de su condición limitante, pero sobre todo impulsándolos políticas públicas incluyentes, para que vivan una vida digna, derecho de toda persona.
Llegó la luz al quitarnos el antifaz, un acto sencillo, abrimos los ojos y apareció la magia de la vista, pero otros, -quienes sin saberlo, fueron nuestros asistentes en la mesa-, siguen a oscuras, solo iluminados con la luz de la esperanza de tener una vida de inclusión en espacios laborales, infraestructura vial, arquitectura urbana, lugares turísticos, educativos y sociales.
El evento con causa. 750 pesos fue el costo del boleto, precio relativo económico, su valor inmenso, por el aprendizaje adquirido. Reconocer lo importancia de cada sentido, pero sobre todo, la sensibilidad y empatía que despierta este tipo de ejercicio frente las personas que con algún tipo de limitación física o intelectual lucha día a día por abrirse paso en esta sociedad que todavía le falta madurar.












































