La vida cambió en un segundo
y el viento soplaba fuerte,
con una energía renovada e
irreconocible ante mis ojos.
Te observé al otro lado
de la calle,
con tu gorra de invierno
y esa chamarra de cuero.
Tu sonrisa iluminaba
de nuevo mi vida y
mientras me tendías
la mano, yo corría tal cual niña
a acurrucarme en tu regazo.
Volví a ser yo,
inocente paloma blanca
con ganas de volar y
sin miedo a la caída,
pues estabas a mi lado
para obsequiarme valentía.
Nunca antes el sol
se sintió tan cálido,
tan penetrante que
mi piel morena brillaba al
recibir la luminosidad
de los rayos ultravioleta,
era un choque de fortaleza
y ánimos por experimentar
sin límites.
Entonces comprendí,
que estaría segura
durante toda mi existencia,
pues sé que tú vas a seguirme
a dónde quiera queme lleve la vida.













































