Un Houdini con sotana

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Hay libros que tarde o temprano van a publicarse y ya tienen el éxito asegurado (no solo en la versión impresa: también la película y la serie).

 

Este es uno de esos casos. Una de las vidas más llenas de pasión, aventura y sucesos dignos de una película de acción que ha acunado nuestro país fue la de, curiosamente, un sacerdote.

 

Este aventurero de la vida y de las ideas fue encarcelado en muchas ocasiones por expresar públicamente cosas que la Inquisición perseguía y siempre se dio la habilidad para escapar, aún de prisiones de esas “a prueba de fugas”. Decían en su tiempo que, para evadirse, tenía habilidades de fantasma.

 

Estamos hablando del tremendo padre fray Servando Teresa de Mier. Otra de sus virtudes era su facilidad de palabra, la cual le daba una notable capacidad de convencimiento (lo apodaban “Voz de Plata”). Se cuenta de él que en una ocasión logró convertir al catolicismo a dos rabinos al mismo tiempo, con quienes compartió celda en uno de los tantos encierros a los que fue condenado.

 

Durante su destierro en Europa promovió la independencia de México. Consiguió recursos para los insurrectos y convenció a Francisco Javier Mina de venir a luchar a México.

 

A su regreso, trajo una imprenta al país, que usó como recurso de propaganda para la causa rebelde. Tras el triunfo del levantamiento, fue en dos ocasiones diputado por Nuevo León. Se pronunció a favor de la república y en contra del imperio.

 

Este inquietísimo sujeto nació en la ciudad del cerro de La Silla en 1763. Se decía descendiente tanto de los marqueses de Altamira como de los primeros fundadores de la ciudad pero, en sus momentos de mayor apasionamiento patriótico, dijo que también descendía de Moctezuma.

 

En sus últimos días, la enfermedad lo hizo prisionero. El presidente Guadalupe Victoria le dio alojamiento en el propio Palacio Nacional, para cuidarlo debidamente. Años atrás, en uno de los tantos aprisionamientos que vivió, el maltrato recibido le provocó la fractura de un brazo, del cual casi perdió la movilidad por completo.

 

Cuando presintió que su epopeya existencial se terminaba, hizo algo único: organizó una ceremonia para recibir los santos óleos. Se dice que llegó a imprimir invitaciones y salió él mismo a la calle a repartirlas.

 

La ceremonia de su último sacramento se llevó a cabo con gran solemnidad y tuvo una enorme concurrencia. La procesión contó con acompañamiento militar y de bandas musicales.

 

Tan pronto la Iglesia cumplió con su parte, el padre Mier pidió la palabra y dio su último discurso político.

 

Falleció a las tres semanas.

 

Quince años después, su cuerpo momificado fue exhumado junto con los de algunos otros padres. Se asegura, aunque no ha sido confirmado, que dichas momias fueron exhibidas en Europa. De acuerdo a una nota de la época, las momias fueron encontradas en distintas posiciones. Sólo de la de fray Servando estaba de pie, enhiesta, en actitud de estar dispuesta a hablar a una multitud…

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