Me siento fuera de mí,
flotando en el aire
mientras observo los
patrones que nos dirigen
a daños colaterales.
Dinámicas familiares antipáticas,
construidas sobre
un vacío de desamor.
Mi corazón se desploma
tras la decepción.
La añoranza me condujo
a la espera de rosas preciosas
sobre tierras infértiles
y suelos en sequía.
Ésta soledad ingrata
se apodera de mí,
no me encuentro entre
el abismo de la casa y
el silencio eterno me
hace creer que estoy
perdiendo la cabeza.
Llueven billetes sobre mí,
me cobijo de dinero pero
mi cuerpo está cada vez
más helado.
Represento la frivolidad
de la riqueza
y la escasez de entereza
pérdida en ella.
Me rehúso a los prejuicios y
deterioros del alma,
a los lujos en forma de gasas
intentando sanar los cortes
generados por filosas palabras
que hieren más allá de la piel.
Llegó la hora de salir corriendo…
Huir lejos, muy lejos de aquí.












































