Soledad

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Toda la vida guardé mis sentimientos para mí misma, caminé a solas por la vereda de una simple existencia sin importarme nada más, llevé durante años la careta de la arrogancia y la capa de la frialdad. Recuerdo entonces, cuando comenzaron a llamarme ¨mujer de piedra¨, de alguna forma, eso me hacía sentir más fuerte.

Le vendí la idea al mundo entero e incluso, yo me la tragué a diario. Pero de pronto, un día común se volvió extraordinario, tras el temblor del espacio para fabricar acontecimientos y llegar al instante del choque de dos energías, y terminar siendo sólo una. Creí en algo nuevo, el calor que generaba mi organismo era tan extremo que me sonrojaba y experimenté la vida de una manera especial.

De pronto, me planteé seriamente una hipótesis sobre el destino. Creí en la fabricación sobrenatural de los momentos y como una simple decisión tiene el poder de alterar absolutamente todo. Tardé tanto en liberar mis pies para darles la libertad de caminar sobre este camino, rechacé a la esperanza y me desligué de mi propio ser hasta encontrar lo que desde pequeña había añorado con el alma. Ahora me veo reflejada en otro cuerpo, y comprendo la maravilla del sentir más allá de mi piel y de mis pensamientos. La renovación de mi ser próspera sin límites, mientras en mis oídos resuena mi canción favorita y observo la belleza a través de la realidad absoluta, que por primera vez, congenia con la profundidad de mis oraciones.

Toda la vida romanticé mi soledad y hoy, me despido de ella… a pesar de la complejidad de mi naturaleza, los sellos de clausura se retiran para siempre.

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