Nunca antes experimenté
esta clase de sentir,
cuando a través de una mirada
te envuelve una paz absoluta,
por primera vez:
todo se siente bien.
Los besos ya no duelen
y las caricias ya no cortan.
Desde lo profundo de mi pecho
yace una luz,
luminosidad despertando
a la tranquilidad.
Mis letras ya no son las mismas,
se transforman en
el vértice de un gozo extremo
qué espero conservar
para siempre.
La línea recta en mis latidos
ya ha desaparecido,
el aire entrando en
mis pulmones me devuelve
más que una vida.
Trae consigo un sinfín de
malabares:
la calma, la adrenalina,
el llanto y las sonrisas.
Que van floreciendo cada día,
y descubro lo que es
verdaderamente el «sentir».
Los besos ya no duelen
y las caricias ya no cortan.
Ésta vez todo parece
dejar huella de una forma
preciosa.













































