¡No corras detrás de quien no quiere dejarse atrapar!…

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En ciertos momentos de nuestras vidas, creo que todos o al menos casi todos hemos pasado por alguna situación similar. Es más que claro que siempre habrá, existió o existe ese alguien en nuestra vida que fue o sigue siendo la razón de nuestras ilusiones, fantasías, sueños, motivos, emociones, sonrisas y suspiros, ese alguien que al pensarlo imaginamos una historia en nuestra cabeza con la finalidad de sentirnos a su lado, ese alguien que se ha convertido en nuestras noches de insomnios o en esos dulces descansos en los que en nuestros sueños lo invocamos.

¡Pero claro!, cómo a veces sucede, no siempre las cosas son cómo desearíamos que fueran; ya qué, el que alguien sea todo para nosotros, no significa que nosotros seamos todo para esa persona.

A veces nos queremos hacer tan presentes en la vida de alguien, que perdemos el piso de repente, dejamos de ser nosotros, nos enfocamos tanto a querer alcanzar algo o a alguien; que dejamos de ser dueños de nuestras propias vidas y comenzamos a perder el verdadero significado de la felicidad, de la quietud, de la paciencia, de la confianza, de la fe, de la esperanza con tal de llamar la atención de esa persona que nos ha movido el mundo.

En ocasiones nos enfocamos tanto en tratar de conquistar a alguien, en hacerle notar que existimos, en hacerle saber que él o ella son el motivo de nuestros suspiros; aunque muchas veces sin resultado alguno, ya que no somos correspondidos en emociones, ni sentimientos; y dejamos de ser nosotros mismos, porque de repente nuestro orgullo, nuestra autoestima y dignidad se esconden sin avisar.

En verdad perdemos el control de las situaciones, ya que nuestras emociones se apoderan por completo de nuestros actos y perdemos el rumbo con la finalidad de alcanzar nuestra «felicidad». Y no nos damos cuenta de las tantas demostraciones de amor, de afecto que podemos llegar a realizar con tal de hacernos parte de alguien; pero que por más intentos, esfuerzos y luchas seguimos caminando hacia el abismo, que por más que hacemos no avanzamos hacia ningún lado; ya que esa otra persona pues simplemente no siente lo mismo, no está interesada (o) o simplemente tiene otras cosas en la cabeza cómo para tenernos presente.

Así que hay que darnos cuenta que debemos retomar nuevamente nuestras vidas, que debemos de poner los pies en el piso, darnos unos coscorrones si es preciso, jajajajaja (a muchas nos hace falta), que dejemos de seguir buscando la felicidad en donde nunca la podremos encontrar.

Que en definitiva debemos dejar de correr detrás de alguien que no se deja alcanzar, que debemos dejar de luchar por alguien que ni en la misma batalla está, bajemos de nuestra nube, sujetémonos firmemente al piso, que es más que obvio que la felicidad se encuentra sólo en uno mismo. Que el querer sentirnos complementados por la chispa del amor es bueno, pero siempre y cuando seamos en verdad correspondidos, cuando se vea el interés de la otra persona por estar con nosotros, por dejarse conquistarse, por detenerse y no seguir corriendo.

Dejemos en libertad aquello que desea ser libre, dejemos de perseguir fantasías, dejemos de soñar con locuras que son sólo nuestras, dejemos de hacernos ilusiones con alguien que sabemos perfectamente que jamás estará a nuestro lado. Sé que a veces es difícil tratar de soltar el sentimiento, las emociones, tratar de dejar algo que te provoca el más puro y dulce amor. Pero en ocasiones el amor no es lo que esperamos, que hay amores que jamás serán correspondidos.

Dejemos ir, dejemos de perseguir, dejemos de enviar mensajes, de hacer llamadas, de seguir insistiendo con algo que jamás podrá ser. Duele soltar, y no precisamente es alejarse; pero si debemos evitar el ser tan insistentes, el seguir demostrando lo que nos hacen sentir. Dicen que siempre es bueno hablar con la verdad y no callar lo que sentimos; pero en ocasiones existen sensaciones que es mejor guardar en silencio, para que poco a poco podamos ir soltando ese sentimiento.

De verdad, dejemos de correr detrás de quien no quiere dejarse alcanzar, aunque duela debemos aprender a soltar. Hay amores que sólo se quedarán en el pensamiento, en las fantasías y en los sueños; amores que jamás podrán ser por más que pretendas conquistar; que con uno no basta, que para luchar se necesitan ser un par.

Recuerden amigos que Dios nos tiene nuestros caminos diseñados, que tal vez llegue alguien que se quede sin correr, que tal vez exista un amor para nuestro amor; así que dejemos de perseguir a quien no se quiere detener.

Y cómo leí por ahí: «No debemos mendigar amor y menos cuando está uno tan buenote (a)», jajajajaja ( Si no nos echamos porras nosotros mismos, nadie lo hará). Ya llegará el indicado (a) si así lo desea el destino y si no, pues tenemos a nuestras familias y a nosotros mismos.

Que para dar amor, siempre existirán muchas más personas a nuestro alrededor. Y cómo cada viernes los invito a leerme en el Diario Digital e Impreso EXTRA de la Laguna y en mi página de Facebook: Estrellas en el Cielo (Escritor).

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