Pero, ¿qué pasa cuando la persona que tenemos a nuestro lado se convierte en alguien que solamente piensa en sí mismo?, ¿qué sucede cuando amar comienza a sentirse como una lucha constante por obtener un poco de atención, de reconocimiento, de cariño o simplemente de tranquilidad?…
La verdad es que muchas veces nos enamoramos de una persona sin imaginar que, con el paso del tiempo, iremos descubriendo comportamientos que jamás habíamos visto, actitudes que poco a poco comienzan a lastimarnos y una forma de relacionarse que termina haciéndonos dudar hasta de nosotros mismos.
Y es aquí donde quiero hablar de los hombres narcisistas, no para generalizar, porque no todos los hombres son iguales, sino para referirnos a aquellos que viven constantemente necesitados de admiración, que creen tener siempre la razón, que difícilmente aceptan sus errores y que pueden hacer sentir a su pareja que nunca es suficiente.
¡Y claro! Al principio muchas veces no lo vemos…
Porque un hombre así puede llegar siendo encantador, atento, detallista, seguro de sí mismo y capaz de hacernos sentir que somos la mujer más especial del mundo. Puede decir exactamente aquello que queremos escuchar, puede llenarnos de palabras bonitas y hacer que pensemos que finalmente encontramos a esa persona que tanto habíamos esperado.
Pero después, poco a poco, las cosas pueden comenzar a cambiar.
Aquello que antes eran detalles se convierten en exigencias, lo que parecía seguridad puede transformarse en control, y las palabras de amor pueden terminar acompañadas de críticas, indiferencia o constantes reproches.
Y entonces comenzamos a preguntarnos: ¿qué hice mal?, ¿por qué cambió?, ¿por qué ya no me mira como antes?, ¿por qué tengo que estar demostrando todo el tiempo cuánto lo amo?.
La realidad es que cuando estamos dentro de una relación así, muchas veces dejamos de ver las cosas con claridad. Justificamos comportamientos, perdonamos una y otra vez, guardamos silencio para evitar discusiones y comenzamos a cambiar nuestra propia manera de ser con tal de mantener una relación que sentimos que se nos está escapando de las manos.
Y sin darnos cuenta, comenzamos a perder algo mucho más importante…
Nos comenzamos a perder a nosotros mismos.
Porque amar no significa dejar de ser quienes somos. Amar no significa caminar siempre con miedo a equivocarnos, cuidar cada palabra para no provocar una reacción, aceptar humillaciones o sentir que debemos competir constantemente por la atención de la persona que amamos.
Una relación sana no debería hacernos sentir pequeños.
No debería obligarnos a demostrar nuestro valor todos los días.
No debería hacernos pensar que para recibir amor tenemos que hacer méritos.
Y mucho menos debería convencernos de que no podemos vivir sin esa persona.
Un hombre con comportamientos narcisistas puede hacer que su pareja termine creyendo que el problema siempre está en ella. Si se enoja, es por nuestra culpa; si nos ignora, seguramente hicimos algo; si nos lastima, nosotros provocamos la situación; si se aleja, tenemos que ir detrás de él para recuperarlo.
Y así, poco a poco, comenzamos a cargar culpas que quizá nunca nos correspondieron.
Pero, ¿saben algo?. No tenemos que vivir así.
No tenemos que aceptar migajas de amor solamente porque alguna vez recibimos un gran cariño. No tenemos que quedarnos atrapados en una relación únicamente por miedo a comenzar de nuevo. No tenemos que convertirnos en alguien que no somos para conseguir que otra persona nos valore.
Porque el amor verdadero no debería sentirse como una batalla.
El amor debería dar tranquilidad, confianza, respeto y libertad.
Y cuando alguien solamente piensa en sí mismo, cuando necesita sentirse superior, cuando nunca acepta responsabilidad por sus actos y cuando utiliza el cariño, el silencio o la indiferencia para controlar a la otra persona, debemos aprender a reconocer esas señales.
No para odiar.
No para vengarnos.
No para esperar que algún día esa persona reciba su merecido.
Simplemente para aprender a poner límites.
Porque también debemos entender que nosotros no podemos cambiar a nadie. Podemos hablar, podemos explicar, podemos pedir, podemos esperar y hasta podemos entregar todo nuestro corazón, pero si la otra persona no reconoce sus comportamientos y no desea cambiar, nuestra voluntad no será suficiente.
Y aquí aparece una de las decisiones más difíciles de nuestra vida: entender que a veces amar también significa saber cuándo alejarnos.
No porque dejemos de sentir.
No porque el amor desaparezca de un día para otro.
Sino porque debemos aprender a querernos también a nosotros mismos.
Y querernos significa no permitir que nadie nos haga sentir que valemos menos. Significa recuperar nuestra tranquilidad, volver a mirarnos al espejo sin sentir culpa y entender que nuestra felicidad no puede depender de que alguien nos apruebe, nos busque, nos llame o decida quedarse.
Porque, amigos míos, nadie debería tener el poder de hacernos sentir que no somos suficientes.
Somos suficientes cuando sabemos quiénes somos, cuando reconocemos nuestros errores, cuando aprendemos de ellos y cuando somos capaces de levantarnos después de haber pasado por momentos difíciles.
No permitamos que una relación nos quite la alegría de vivir.
No dejemos que las palabras de alguien destruyan aquello que durante tantos años hemos construido dentro de nosotros.
Y si alguna vez estuvimos al lado de una persona que solamente sabía recibir y nunca dar, que exigía admiración pero no sabía reconocer nuestros esfuerzos, que quería tener el control pero no aceptaba nuestras necesidades, aprendamos de esa experiencia.
No para quedarnos viviendo en el pasado.
Sino para no volver a permitir lo mismo.
Porque la vida es demasiado corta para vivir tratando de convencer a alguien de nuestro valor.
El amor no debe hacernos sentir menos.
El amor debe permitirnos ser nosotros mismos.
Y si algún día tenemos que elegir entre conservar una relación o conservar nuestra paz, recordemos que nuestra paz también merece ser defendida.
Tal vez ese sea uno de los actos de amor propio más grandes que podemos tener: entender que no necesitamos que alguien nos elija para saber cuánto valemos.
La persona que verdaderamente nos ama no tendrá que destruir nuestra autoestima para sentirse importante.
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