Las bardas del bardo

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Hace más de un cuarto de siglo empezaron a guiñar el ojo y mandar besos al esclavo de la cartera, al violentado por los cláxones, a quien su vida es color cemento.

En algún momento del principio de esta historia, fueron varios los grafiteros literarios (y literatos) que compitieron por apoderarse de esa página en blanco que son las bardas vacías. Su lucha no solo era por el espacio y los lectores viales, también por escapar de la policía.

Es leyenda que algunos de ellos pasaron, al menos, una madrugada en una celda o en la caja de una granadera. El hecho es que apenas uno de esos grupos sobrevivió y ahora no solo es una parte característica, como el calor y los cerros, de la ciudad. También es un punto de referencia focal citado en blogs, revistas, periódicos locales, nacionales e internacionales, un documental (mínimo), un libro (sin contar este) y algunos sermones dominicales.

Acción Poética es la firma con la que el poeta regiomontano Armando Alanís identifica los versos que suelta, como pétalos, por cuanto espacio vacío localiza. Ya la policía no lo persigue (“algunas administraciones municipales hasta me apoyan”, reconoce).

Sus poebardas han sido utilizadas en campañas publicitarias, exposiciones de arte y como souvenirs. Cuenta con imitadores en otras ciudades y hasta países. Armando pide el consentimiento de los propietarios, cuando los hay, para usar sus espacios. No busca ensuciar, sino masificar la poesía.

Hay gente que, de tanto verlos, memoriza los versos urbanos. Algunos son de la autoría del mismo Alanís. Otros los toma de sus autores favoritos, como Jaime Sabines, Mario Benedetti; de cantantes, filósofos y gente que le escribe. La única regla es que tengan capacidad de, mucho o poco, conmover.

Las editoriales que publican poesía en México imprimen, a lo mucho, tres mil ejemplares. Una barda la leen miles de personas en un solo día. El edito-grafitero Alanís trabaja en sus prensas de brocha y litros de tinta los domingos de 7 a 11 de la mañana.

La acción de este poeta empezó siendo material de la nota roja, pero la perseverancia le ha concedido el derecho a seguir sembrando espíritu, cultura en donde antes solo había basura o groserías. Armando no recibe ningún subsidio por realizar el vandalismo ilustrado que ocupa su tiempo libre.

“Estoy convencido de que si leyéramos más poesía, seríamos mejores personas, más amables, más humanas. Por eso decidí hacer que la gente tuviera este encuentro cotidiano que te sale al paso, llevarle la poesía a su vida. Son mensajes cortos que puedes leer mientras caminas o si vas en coche a 100 km/h, no te quitan tiempo y en cambio, te dan vida”, justifica el bardo a sus bardas.

 

El salto de la barda poética a la prensa se ha demorado, pero cuando llegue (lo hará), tendrá ventas hiperbólicas (tanto, que se dificultará encontrar metáforas que las describan).

 

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