Te amo… pero a veces amarte se siente como si caminara sobre miles de cristales rotos. Mientras te observo al final del camino con esa sonrisa que te caracteriza, me pregunto en silencio si estás consciente de que tras los múltiples cortes, mis diminutos pies nunca volverán a ser los mismos.
Estás cicatrices me acompañarán por el resto de mi vida, y siempre voy a cuestionar qué tipo de amor puede hacerte someter al grado de la tortura. Aunque no creo entenderlo en medio de la agonía, las dudas y la falta de decisión por abandonar los infortunios de este recorrido.
Supongo que no hay final para ciertos tipos de amor. Algunos nacen con nosotros y se viven a través de heridas ajenas. Eternamente, quizás… aunque espero que no.













































