Hay que retomar el rumbo

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En un mundo globalizado, con las herramientas de comunicación que tenemos al alcance, pensaríamos que la gente se siente acompañada y feliz, pues en un tris tras se puede comunicar con sus seres queridos o amistades.

La era digital ha traído grandes avances tecnológicos, el mundo de los grandes negocios, los poderosos y los gobiernos han sido los beneficiados, las transacciones y acuerdos ya no tienen que ser de cuerpo presente, ahora en línea los tratos se pactan con la misma formalidad con que se hace de manera presencial.

La gente común ha entrado a esta dinámica, las redes sociales son el pan de todos los días

para ponerse en contacto con el acontecer cotidiano, ahora en cuestión de segundos se tiene información sin importar distancia, continente o idioma, en la súper carretera digital llega de todo: bueno, regular y malo, verdades y mentiras, chismes, difamaciones y banalidades.

Lo malo no está en la herramienta, sino en el uso o el tiempo que se dedica. Más que acortar distancia ha desunido familias, despedazado relaciones, la gente se encierra en el mundo virtual haciendo a un lado el contacto físico, en las conversaciones ya no hay miradas, ni roces de manos, ni abrazos, esa calidez exclusiva del ser humano.

Ahora en la era de las comunicaciones, la gente sufre de soledad, tristeza, depresión, los trastornos emocionales van en aumento constante, porque las personas han abandonado las relaciones interpersonales,

para recibir “likes” en su celular, con el objetivo de volverse más populares, tal vez lo sean, con muchos seguidores virtuales, pero en soledad en la vida real.

No es tarde para retomar el rumbo, si bien es cierto no podemos apartarnos de los avances tecnológicos, pero hay que utilizarlos en su justa medida para volver a encontrarnos, reconstruir nuestra historia activando las pláticas personales, el abrazo fraterno, que las almas se acaricien con la mirada para nutrir al organismo con la vitamina del amor, la amistad, la generosidad y concordia que conlleva una buena conversación donde más que compartir ideas, sea sustentada en donar la paz y alegría del corazón.

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