Estruendo

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Necesitaba sentarme a escribir antes de volverme loca, las ideas se esparcían de manera retorcida por mi mente, padecía de mareos inexplicables en cuanto iban haciendo un nido de mis inseguridades que me mantenían en perpleja confusión, una celda estrecha apachurrando mi cuerpo, garrotes sujetando mis extremidades. Inmóvil e incapaz, como de costumbre.

El orden no existía y cada vez la ansiedad carcomía más mi piel podrida repleta de plagas denominadas ¨traumas¨ y aquella niña interior exteriorizada proveniente de un deseo abismal, con la corona oficial de la vergüenza y el reclamo silencioso en forma de cetro, soberbio y justiciero. Miles de preguntas escritas sobre las paredes blancas y las quejas sobre mi piel, en el espejo se veía la reflexión de la incertidumbre y las migajas esparcidas alrededor de mi boca como símbolo de esclavitud y hambre… Hambre de justicia.

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