La culpa, un sentimiento que me acecha por años…
No importa cuán rápido corra
siempre me alcanza,
se derrite tal cual vela sobre mi espalda
y su ardor penetrante retuerce mi cuerpo
sobre el pavimento.
Se deshace de mi piel y
llega al rincón más oscuro de mí,
me abofetea con desprecio y sin misericordia
para luego esclavizarme ante la llegada
del reino de mis demonios.
El aire de pronto se torna gris,
mis ojos se despiden de los paisajes
y en medio de mi lucha contra las
ráfagas de viento,
se va debilitando mi cuerpo.
Caigo a través de un pozo
que resulta familiar,
colores y texturas me cortan como
filosas cuchillas que me hacen
lanzar un último grito de agonía
mientras la pena se escapa
a través de las heridas.
La culpa…
No importa cuán rápido corra, siempre me alcanza.














































