“Luminoso y frágil, el ámbar ha inspirado —y deslumbrado— al ser humano por siglos”
¿Sabías que hasta antes de la II Guerra Mundial existió una “octava maravilla del mundo?
Se trata de una “cámara” u oficina construida en 1701 para el Rey de Prusia Federico I en el palacio de la cuidad de Berlín por el escultor barroco alemán Andreas Schluter y un artesano especializado en ámbar danonoruego de apellido Wolfram, quienes trabajaron en la cámara hasta 1707.
Se trataba de una habitación con las paredes cubiertas de paneles de ámbar y adornadas con láminas de oro, mosaicos, candelabros, figuras doradas y espejos, todo espectacular y majestuoso.
Esta opulenta obra del barroco fue conocida nada menos que como la “Octava maravilla del mundo”
Maravillando a propios y extraños, la cámara permaneció en Berlín hasta 1716, año en que fue donada por el rey Prusiano Federico Guillermo a su entonces aliado el Zar Pedro el Grande de Rusia instalándose en el Palacio de Catalina.
Esta obra medía mas de 55 metros cuadrados y contenía ni mas de seis toneladas de ámbar.
No puedo siquiera imaginar su magnificencia y belleza.
Lastimosamente esta obra de arte fue saqueada por los Ejércitos Norte del Tercer Reich y lo que quedó de ella se trasladó a lo que actualmente es Kaliningrado para su reconstrucción y exhibición.. Su paradero actual sin embargo es un misterio. Inicialmente se pensaba que la habitación había sido destruída por el fuego, pero no se
encontraron rastros de ámbar quemado, por lo que se asumió que los páneles estaban escondidos en algún lugar del casitllo o que fueron llevados a otro lugar.
Durante muchos años se realizaron infructuosas búsquedas en cientos de lugares y aunque se localizaron obras de arte y joyas en el sótano del castillo, nada de eso pertenecía a la cámara.
Expertos explicaron que aún si fuese encontrada la cámara de ámbar, lo más probable es que estuviese en muy mal estado, dado que el ámbar es un material delicado y frágil que cambia con el tiempo y las condiciones.
Perdidas las esperanzas, en 1979 se iniciaron esfuerzos para reconstruir su réplica en la Villa de los Zares trabajando en ella artesanos rusos y lograda gracias a donaciones de Alemania, con paneles que brillan en tonos naranja y dorado.
Estos trabajos tomaron 23 años, inaugurándose apenas en 2003 en el Palacio de Catalina donde hoy se exhibe en el Museo Estatal de Tsarskoye Selo en San Petersburgo y es considerada Patrimonio de la Humanidad.
“La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”… Leonardo Da Vinci














































