Hay daños irreversibles,
que dejan cicatrices
más allá de la piel.
Brotan en recuerdos
como forma de cuchillas
y derraman la sangre añeja
de viejas heridas.
Hay bizarras experiencias
tejiendo telarañas en
algún rincón de nuestra
mente, y de vez en cuando
se apoderan de todo
velozmente.
Hematomas superficiales,
culpas y vacíos inexplicables, pero
con un ardor que no cesa y
arrebata la sonrisa del presente,
aprisiona el alma blanca e inocente
de una niña de cristal.
Ésas heridas sin revés se cargan
del pasado y del ayer
con cuentas caducas,
juicios de un abuso
sin resolver.












































