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Estuve sumergida en un mar de penas, el agua sobrepasaba mi estatura y podía sentir cómo me ahogaba… Alcé como pude una bandera blanca anhelando la paz, o en el mejor de los casos, la misma muerte.

Llegué a olvidarme de todo, hasta de la simpleza de respirar, cada latido del corazón dolía cada vez más y mi cuerpo no era más que un costal de huesos que pesaba mucho más de lo que podía sostener sobre la superficie.

Rompí mis propios sueños para posteriormente vestirme de mi propia miseria, le dije adiós a mi familia y al mundo que solía considerar cruel. Vagaba entre la multitud como una especie de zombi que no bebía más que licor y había olvidado el gusto por algún alimento.

Entre el vapor de mi cigarrillo yo veía el infierno y corría hacia él con tanta desesperación, pensando que al quemarme todo el dolor por fin se extinguiría en simples cenizas.  

Estuve sumergida en un mar, perdida en una isla, atrapada en una cabaña, en un abandono que los expertos en el tema definen como “depresión”. Siendo una especie de víctima entre la vida y mi propia mente, la cadena crecía y cada eslabón representaba un capítulo en incógnitas, una herida suturada, una lágrima guardada y la idea de desaparecer en cuerpo y tal vez, en espíritu.

Pero sobre mis muslos se dibujaron escamas, aprendí a nadar y a respirar aún estando dentro de las profundidades. Se fue el miedo al conocer lo mucho que podía ver y quizá también aprender dentro de aquel escenario. Me volví aliada de mi propia oscuridad hasta saber reconocer que sólo me había olvidado de encender la luz.

Pude sentir cómo me quedaba sin aliento múltiples veces, creyendo estar cerca de la eterna y más fría despedida. Hasta que algo más allá de mí me hizo creer, sentir y elegir renacer dentro de tanta cobardía. Navegué entre las tormentas y sin siquiera imaginarlo, simplemente logré sobrevivir.  

Estuve sumergida en un mar… como múltiples personas lo llegan a estar. Y aunque toda parezca perdido, hay mucho más allá que en ocasiones no nos permitimos mirar. En este mes de la lucha contra los sufrimientos y demonios internos, seamos siempre amables con los demás, pero sobre todo con nosotros mismos. Aún no es el final. Hay vida allá afuera, una vida que los espera, donde se encuentra la magnitud de sus sueños con los brazos abiertos. Les prometo que es verdad, hay más… MUCHO MÁS.

“Tu vida siempre vale la pena vivirla.”

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