Ciudad de México a 05 de marzo de 2026.- El secretario de seguridad, Omar García Harfuch, quien ayudó a liderar el operativo que mató al capo de la droga conocido como “El Mencho”, pasa sus días y noches dentro de edificios de oficinas fortificados, incluyendo un apartamento de una habitación en la Secretaría de Seguridad construido para él.
Sus aposentos, dentro de un moderno complejo junto a una concurrida vía, incluyen un dormitorio, gimnasio, cocina y una sala de conferencias con capacidad para 25 personas. Desde la sala, los invitados pueden escuchar el estallido de los disparos de un campo de tiro dentro del complejo de edificios, de acuerdo con un alto funcionario del gobierno que visitó el apartamento. Un teléfono rojo en su escritorio proporciona línea directa a la presidenta Claudia Sheinbaum.
García Harfuch vive así desde 2020, cuando, camino al trabajo, una camioneta le cortó el paso a su camioneta Suburban blindada y hombres armados disfrazados de trabajadores de la carretera le dispararon más de 400 balas. Harfuch respondió al fuego y sobrevivió con tres heridas de bala. Dos de sus guardaespaldas y un transeúnte murieron.
El secretario de seguridad atribuyó el intento de asesinato a Nemesio Oseguera, mejor conocido como “El Mencho”, líder del brutal Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos criminales más grandes y sangrientos de México.
Seis años después, derrocar al líder del cártel fue un momento profundamente personal para Harfuch, quien, según sus amigos, quedó devastado por la muerte de sus guardias de seguridad.
Harfuch declinó hacer comentarios para este artículo. Su relato se basa en entrevistas con una docena de amigos, colegas y analistas de seguridad.
Allegados a Harfuch afirman que es poco probable que baje la guardia ahora que “El Mencho” falleció. Pero la muerte del capo elevó el perfil del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de la presidenta Sheinbaum, a quien se le atribuye haber liderado su enfoque más contundente para combatir a los cárteles, hasta el punto de ser considerado uno de los favoritos para la presidencia cuando su mandato de seis años concluya en 2030.
“Omar García Harfuch es el candidato presidencial número uno hoy”, declaró Armando Vargas, el principal experto en seguridad del centro de estudios México Evalúa. “Es el líder más visible de esta nueva estrategia”.
El enfoque no está exento de riesgos: la muerte de “El Mencho” desencadenó una ola de violencia en todo México que cobró la vida de 25 miembros de la Guardia Nacional y podría alimentar disputas mortales mientras las facciones rivales de los cárteles luchan por el control.
También supone un cambio notable respecto a la filosofía de “abrazos, no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador, bajo la cual los cárteles aumentaron su poder y alcance hasta controlar vastas franjas de territorio y se diversificaron del narcotráfico a la extorsión, el tráfico de personas y el contrabando de combustible.
Harfuch opera con la confianza de Sheinbaum
Harfuch cobró relevancia dentro del gobierno de la Ciudad de México cuando la ahora presidenta Sheinbaum era la jefa de gobierno de la capital.
Rodrigo Canales, quien asesoró a Sheinbaum en su estrategia de seguridad, afirmó que Harfuch la ayudó a sortear un período difícil al principio de su mandato como alcaldesa, cuando altos mandos policiales fueron acusados de corrupción.
“Cuenta con la confianza absoluta de Claudia y se la ganó por su extrema lealtad y eficacia en momentos clave al principio de su gestión”, declaró Canales.
Sheinbaum ascendió a Harfuch a jefe de la policía de la ciudad en 2019, tras destituir a su predecesor por un escándalo de lavado de dinero.
Harfuch llevaba menos de un año en el cargo cuando unos sicarios intentaron asesinarlo. Tras responder al fuego, se subió a los asientos traseros de su camioneta blindada y se agachó hasta que llegaran refuerzos, recordó en entrevistas posteriores al ataque.
Doce presuntos miembros del CJNG fueron arrestados y condenados a cadena perpetua. Tras la emboscada, se mudó de su casa a la jefatura de policía de la Ciudad de México. Su círculo íntimo, ya reducido, se hizo aún más estrecho. Ve a sus hijos fugazmente.
“Pasó de ser alguien que podía ir a un restaurante, reunirse con amigos, asistir al cumpleaños de un colega, a estar vigilado en una oficina, pasando prácticamente el 90% de su vida dentro de las instalaciones de la policía”, dijo un amigo que conoce a Harfuch desde hace 20 años.
Al igual que los jefes de los cárteles que persigue, un paso en falso podría costarle la vida.
La cacería por ‘El Mencho’
La búsqueda de “El Mencho” cobró urgencia en noviembre, cuando el CJNG secuestró a dos investigadores de Harfuch en la ciudad de Zapopan, un bastión del cártel, de acuerdo con el alto funcionario mexicano.
Soldados allanaron las casas de presuntos miembros del cártel y los interrogatorios arrojaron información que ayudó a estrechar la red en torno a “El Mencho”.
Reuters es el primer medio en informar sobre el papel de los secuestros en la búsqueda de “El Mencho”. Los agentes fueron liberados una semana después.
El avance se produjo cuando las autoridades rastrearon a una de las múltiples novias de “El Mencho” hasta su villa, declaró el secretario de Defensa de México, Ricardo Trevilla. Un nuevo grupo de trabajo liderado por militares estadounidenses confirmó la ubicación exacta de la casa.
Pero el funcionario del gobierno dijo que el verdadero desliz no fue el romance, sino que el líder del cártel, de 59 años, quería ver a sus dos hijos con la mujer. Las tropas mexicanas irrumpieron tras la salida de la novia y los hijos de “El Mencho”.
Tras un tiroteo, “El Mencho” murió en un helicóptero militar camino a un hospital. Ocho de sus guardaespaldas también murieron. Dos soldados murieron durante la redada; otros dos murieron posteriormente a causa de las heridas sufridas.
Harfuch recibió un mensaje de texto de confirmación con una imagen del cuerpo de “El Mencho”, aún con un chaleco antibalas, indicó el funcionario mexicano.
“Hablé con él el domingo por la mañana después de la muerte de El Mencho”, declaró Eduardo Clark, un alto funcionario de salud en México, cercano a Harfuch. “Me dijo: ‘Es un gran alivio’”. (REUTERS)















































