Una leyenda de la Fórmula 1 pide la expulsión de Verstappen de la competición

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(AGENCIAS) 07 de mayo de 2026.- Juan Pablo Montoya nunca ha sido de los que se muerde la lengua, ni dentro ni fuera de la pista. El que fuera una amenaza para hacerse con el título mundial de los trazados a principios de los 2000 ha vuelto a encender la mecha de la polémica con unas declaraciones explosivas en el pódcast Chequered Flag de la BBC. ¿El objetivo de sus dardos? La actual generación de pilotos, con Max Verstappen a la cabeza, por su actitud negativa ante los cambios que se avecinan en la Fórmula 1.

Para Montoya, la libertad de expresión tiene un límite cuando se trata de la imagen del deporte que les da de comer. El colombiano considera que las críticas constantes sobre el estado de la competición y las futuras normativas deberían ser atajadas de raíz por la FIA y Liberty Media: «Hay que respetar este deporte», sentenció Montoya ante Harry Benjamin y el campeón del mundo de 1996, Damon Hill: «Estoy de acuerdo en que no te gusten las regulaciones, pero la manera en la que habláis de aquello de lo que vivís… debería haber consecuencias por eso», comentaba el colombiano.

Una actitud diferente

La diferencia de actitud entre las grandes estrellas de la parrilla es abismal según el relato del colombiano. Mientras el entorno de las flechas de plata ha optado por la diplomacia, Max Verstappen sigue siendo la voz más crítica y contundente contra el rumbo técnico que está tomando la categoría reina. Esta rebeldía del neerlandés es la que ha agotado la paciencia de un Montoya que apuesta por la mano dura para mantener el orden institucional.

Rotundo

Lo más sorprendente de la intervención de Montoya fue la severidad del castigo propuesto. Cuando Damon Hill le preguntó si se refería simplemente a multar económicamente a Max por sus palabras, el colombiano fue mucho más allá: suspensión inmediata para el neerlandés. Al considerarse esto, una medida muy extrema también quiso ‘amenazar’ con su licencia. Montoya sugiere añadir siete u ocho puntos de penalización en la superlicencia por este tipo de declaraciones. Una vez alcanzado el límite de puntos por ‘mala conducta verbal’, el piloto debería quedarse fuera de un Gran Premio.

La chispa de Montoya se encendió en la Fórmula 3000 de 1997. Corriendo para el equipo RSM Marko, propiedad del hoy todopoderoso asesor de Red Bull, Helmut Marko, el bogotano firmó tres victorias que dejaron boquiabierta a la parrilla. Su agresividad no pasó desapercibida para Frank Williams, quien lo reclutó como probador para 1998. De aquella época se recuerda una maniobra que define su carrera: un adelantamiento múltiple a tres coches bajo el aguacero de Hockenheim, llegando a pisar la hierba sin levantar el pie del acelerador. Era el nacimiento de un piloto que no entendía de límites.

El gran punto de inflexión llegó en 2005 con su fichaje por McLaren. Lo que parecía una unión ganadora terminó en un divorcio traumático. El jefe del equipo, Ron Dennis, un obseso de la disciplina y la imagen impoluta, nunca conectó con Montoya. Dennis criticaba abiertamente la ética de trabajo del colombiano y su afición por la comida rápida, algo que chocaba con la cultura corporativa de Woking. Montoya, por su parte, acabó asqueado de la política de despacho y los compromisos comerciales. Harto del sistema, decidió dar un portazo a la F1 a mitad de 2006 para refugiarse en la NASCAR.

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