Y donde quedaron las discos?

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“Eres tan fuerte como la bebida que mezclas, las mesas sobre las que bailas y los amigos con los que vas de fiesta”…

El pasado fin de semana al pasar por una avenida muy comercial del tipo de restaurantes y sitios para jóvenes, observé varios de ellos que eran punto de reunión de gran cantidad de jóvenes, parados unos, sentados otros pero en su mayoría con una bebida en la mano.

Era viernes por la noche, música sumamente estruendosa y la típica algarabía juvenil. Observé mientras esperaba la luz verde del semáforo que esos lugares para la juventud son pequeños, las mesas sin embargo están llenas, y aquellos que están parados ocasionalmente se mueven en un pequeño paso de baile; se gritan porque el alto volumen no les permite una charla fluída y amena.

Me dirán antiguada, pero en mis tiempos asistíamos a “la disco” si, para conocer muchachos, para platicar, tomar una cerveza u otra bebida alcohólica , pero sobre todo para bailar. Lo digo con toda sinceridad, lo menos importante era el alcohol. Podías pasar la noche con una o dos bebidas cuyo alcohol se evaporaba con el ejercicio dancístico.

Ahora quien quiere y le gusta bailar tendrá que esperar la boda del primo, los quince años de la hermana o el aniversario de bodas de los amigos, celebraciones que ameritan la pista de baile y la música viva.

O bien esperar a visitar una playa donde aún tienen gran éxito este tipo de lugares y donde la mayoría que ahí se reúnen son turistas que bailan y beben hasta el amanecer.

En nuestra ciudad en cambio, ya no existen las “discos”, ésos sitios hoy se denominan “antros”, donde lo que menos se practica es la plática y el baile, donde el alcohol corre entre los jóvenes indiscriminadamente.

Chicos que en su mayoría carecen del criterio y la voluntad de medirse detonando por desgracia en otras conductas que en el mejor de los casos ofrecen lamentables espectáculos y que en no pocas ocasiones terminan en tragedia como hemos sabido recientemente con la pérdida de jóvenes vidas a causa del alcohol.

Ojalá volviesen las discos para que la juventud disfrute hoy como ayer lo hacían sus padres. Estoy segura que sí les gustaría.

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