En nuestra vida en ocasiones nos topamos con situaciones que nos causan desavenencias, enojos, estrés, frustración y decepción. Creo que hay situaciones difíciles de asimilar e incluso imaginar y es que hay decisiones que tomamos, que al final nos cuesta mucho haberlas tomado.
Creo que soy de las personas que piensa, que cuando algo no funciona; lo mejor que podemos hacer como personas pensantes o maduras, es tomar alguna decisión con respecto a ello.
Si alguien no nos llena, si no nos dan lo que buscamos, si la retroalimentación ya no es buena, si la comunicación no funciona, si algo ya no nos mueve, no nos trae algún beneficio, si hay más problemas que días buenos; a veces hay que alejarse para no vernos afectados emocionalmente. Pero hay que estar conscientes, que cuando tomamos una decisión, la tomamos con sus ventajas y desventajas, viendo los diferentes panoramas que tenemos que enfrentar.
Por ejemplo, hay trabajos que, aunque nos gusten, quizá ya no nos son suficientes, o el pago no es lo que merecemos o el trabajo ha ido en aumento, la falta de comodidad, los horarios, en fin, mil cosas pueden surgir y ya no nos encontramos a gusto y tomamos la decisión de buscar nuevos horizontes.
En el ámbito personal o romántico, también pueden existir circunstancias que ya no nos llenan, ya no nos motivan, e incluso si tomamos alguna mala decisión que afecte al otro, ya fue cuestión de nosotros, sin necesidad de querer culpar al otro; debemos de estar conscientes que muchas decisiones son personales, que nadie nos obliga a fallar, a irnos, a cerrar capítulos e iniciar nuevos ciclos, todo eso es cuestión de nosotros, lo que creemos que es mejor para nosotros, o simplemente la oportunidad se presentó.
Pero también hay que estar conscientes que hay decisiones que ya no tienen vuelta atrás, que a veces lastimamos, que también hay cosas que no se perdonan y hay que entender que son cosas que hacemos, que todas las cosas buenas o malas que podamos llegar a hacer tienen recompensa o karma, según sea el caso. Pero hay que aprender a vivir con eso, a saber llevar y poder vivir con nuestros errores o con los aciertos.
En cuestión de parejas, hay que saber reconocer cuando las cosas ya no son sanas, cuando estamos dañando, cuando sabemos que lo que hacemos o hicimos tendrá una consecuencia. Y está en nosotros el avanzar y vivir con lo que permitimos, con lo que dejamos, con lo que logramos, aunque no haya sido algo bueno.
Hay que estar conscientes, que absolutamente nadie es culpable de nuestras propias decisiones y determinaciones, que nosotros somos los únicos causantes que nuestro futuro y como estamos viviendo nuestro presente. No culpemos a nadie externo por nuestras decisiones.
Lamentablemente he visto situaciones en las que culpamos al otro de lo que nos sucede, en que aún a sabiendas que nuestra decisión no fue la mejor y nosotros la tomamos, culpamos sin darnos cuenta que el resultado tan solo fue la respuesta a nuestras fallas, a nuestro momento de locura, a nuestra soledad, a un sinfín de motivos que podríamos nombrar.
Pero amigos, recapacitemos, analicemos y sigamos con nuestras vidas; dejemos de atormentar al otro, de querer causar problemas, daños y más cuando quienes nos rodean siguen adelante; a veces hay que seguir así, vivir con lo que sufrimos o lo que perdimos. La vida es de instantes, dejemos de atormentarnos y atormentar a los demás, dejemos de culpar, solo nosotros somos culpables de nuestras decisiones, de los resultados, de las despedidas, de los falsos escapes, de las traiciones o la falta de lealtad.
De verdad es triste ver a tantas parejas que un día se profesaban tanto amor; hoy desconocerse, odiarse, desear el mal, provocar tantos malos ratos e incluso desear hasta la muerte.
Dejemos ir, soltemos cuando ya nadie nos sujeta; dejemos de culpar al otro por nuestros errores, por la falta de comunicación, de solidaridad, de empatía y hasta de amor. Quédense con los recuerdos, con las cosas buenas y dejemos de poner a todos en contra. Es obvio que cada despedida tiene dos versiones de la historia, pero no significa que nos tengamos que vengar o seguir creando daño al otro, porque la cosas no resultaron como lo pensamos.
Vivamos y dejemos vivir, la vida es tan hermosa como para desperdiciarla pensando en dañar y mortificar al otro, como para seguir guardando rencores, como para no perdonar y soltar….
La madurez nos la da la vida y las lecciones aprendidas, si hay cosas malas que nos orillaron a tomar una decisión, o cosas buenas que queríamos; aprendamos a superar y a vivir con nuestras propias decisiones.
Amig@s vamos a enfocarnos en nuestra vida y no en los resultados obtenidos, en nuestros propios errores, enmendemos las circunstancias y sigamos el camino con los resultados obtenidos, recuerden que a veces detrás de nosotros vienen personas que van aprendiendo nuestras mismas lecciones, así que vivamos en paz y armonía lo que nos va quedando de vida.
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