Olvido tardío

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Han pasado ya varios meses desde la última vez que nos vimos, ése día en el que nos sobraba la ropa y decidimos dejarla a un costado de tu cama, disfrazando la rabia que sentíamos el uno por el otro en el eficaz antídoto que saciaba nuestras necesidades, o ésos antojos míos a media noche que ya venía cargando.

Saborear por completo tu cuerpo me entregaba la paz y seguridad de un hogar a través de tu mirada y tras varias noches sin sueño, adquiría por fin la dicha del descanso.

En realidad, nunca me sentí capaz de huir de ti. A pesar del dolor protagonista en cada escrito yo terminaba con mi cabeza recostada sobre tu almohada, sin perder la fe de que al mirarme decideras quedarte conmigo la vida entera.

El retorno hacia la desdicha parecía más tentativo a continuar en el vacío emocional, prefería mil veces tus cuchilladas por la espalda que encontrarme en el sofá sin saber qué hubiera sido mientras fallecen cada uno de mis sentidos.

Mantengo la esperanza aquí conmigo, en donde la jodida impaciencia al menos me sirve de abrigo.  

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