Siempre he tenido una manera de ver el mundo en donde siempre ha creído en la bondad de los seres humanos y que somos, en muchas ocasiones, muy orgullosos, a veces soberbios, y nos falta humildad para reconocer las cosas que hacemos mal y también para no ser presumidos cuando hacemos las cosas bien, ¿a qué quiero llegar con esto?, todas las situaciones a las que nos enfrentamos o los problemas por los que pasamos muchas veces ocurren porque no somos capaces de compartir lo que nos está pasando, los problemas a los que nos estamos enfrentado o, más que nada, las emociones que estamos viviendo, los sentimientos que tenemos al estar experimentando algo, y los sentimientos más difíciles de compartir son los que nos hacen sentir enojo, molestia, ira.
Cuando no tenemos el valor de decirle a las personas lo que realmente estamos pensando o lo que estamos sintiendo, es algo que nos afecta en muchos otros aspectos, como la salud o las relaciones personales y emocionales con las personas.
La mayoría de los problemas de comunicación que tenemos no se pueden tomar a la ligera debido a que pueden repercutir y tener consecuencias en muchos aspectos de la vida, tanto para bien como para mal, hablamos de pérdida de oportunidades, se puede generar una crisis o crear un ambiente hostil.
Los problemas de comunicación que tenemos la mayoría de las veces se genera desde la desconfianza, ya sea en nosotros mismos o en las demás personas, esa desconfianza lleva a que se origine un gran miedo a la comunicación, miedo para expresarse, miedo a que otra persona u otras personas sean capaces de no estar de acuerdo con lo que estamos diciendo y que, por lo tanto, rechacen nuestras ideas, o sea un impedimento para que nosotros hagamos lo que queremos hacer, pero no nos damos cuenta de que a veces eso contrario que nos dicen es lo que puede ser el freno o el acelerador para hacer algo que no teníamos pensado; sin embargo, siempre expresar o compartir lo que pensamos conlleva una acción, eso es innegable.
Esta falta de valor aumenta esta desconfianza y minimiza la capacidad de tomar una actitud propositiva para tener alternativas que aunque no sean las que habíamos pensado podamos tomarlas en cuenta y que tal vez sea algo mejor de lo que planeábamos, y eso no está mal, simplemente es aceptar que no tenemos todas las respuestas y que a veces un consejo o una recomendación es mejor para nosotros.
Ser capaces de compartir lo que pensamos, las dudas que tengamos o simplemente de hablar de lo que nos está pasando es algo invaluable, pero que no lo entendemos hasta que perdemos la oportunidad de hacerlo, y muchas veces tenemos siempre diferentes personas con las que podemos platicar, no necesariamente una sola persona es la que nos va a escuchar en todo lo que nos pasa, podemos tener diferentes apoyos porque las personas con las que hablamos son distintas y cada una tiene una capacidad especial con la cual nos podemos sentir en paz y en confianza.
A veces tenemos la sensación de que las personas con las que estamos, más que nada hablamos de pareja o familia, se están volviendo desconocidas, y que cada vez tenemos menos de qué hablar o menos cosas en común. La falta de comunicación es uno de los motivos más frecuentes por lo que las personas nos sentimos de ese modo, donde ya no sabemos ni qué decir ni de qué platicar, y es en ese momento donde se empiezan a generar pequeños problemas, que luego van incrementándose.
Las personas explican que tiene una comunicación muy deficiente, que ya no se entienden y que las peleas o las discusiones se vuelven cada vez más frecuentes.
Y de repente nos hacemos cuestionamientos como ya casi no hablamos, no sabemos qué decirnos, los silencios entre nosotros son cada vez más y más incómodos, ya no hablamos ni siquiera de los temas comunes, como el trabajo, y no lo hacemos porque creemos que la otra persona no nos va a entender; todos nos hemos sentido así en alguna ocasión y, como mencioné, no nada más es respecto a la pareja, también entre familia este tipo de situaciones son muy comunes.
Ruth Bebermeyer escribió un poema que refleja muy bien la falta de comunicación:
“Siento que tus palabras me sentencian, que me juzgan y que me apartan de ti, pero antes de irme, tengo que saber si eso es lo que quieres decirme. Antes de erigirme en mi defensa, antes de hablar herida o asustada, antes de levantar esa pared de palabras, quiero saber si verdaderamente he oído. Las palabras son ventanas o paredes, nos condenan o nos liberan”.
La comunicación puede convertirse en un espacio en el que podamos expresar, entender y compartir nuestra vida y emociones, así como poder conocer también los de la otra persona, nos permite avanzar, crecer y conocer a la persona de una manera más profunda.













































